sábado, 2 de mayo de 2015

CS2015 — Etapa 7 (Camino de A Fonsagrada)



¡Hola peregrin@s!

¡Lo conseguimos!, aunque no sin esfuerzo. Esta noche os escribo ya desde Madrid, adonde hemos llegado esta tarde en tren desde Lugo. Ayer recorrimos la última etapa de este durísimo y embarradísimo primer año del Camino Primitivo. El año que viene regresaremos a A Fonsagrada para realizar el resto de este Camino, desde ese pueblo lucense hasta la ciudad del Apóstol.

Asturias nos ha despedido con frío, lluvia y barro. Galicia nos ha recibido con tiempo fresco y soleado. Galicia calidade...

Sin más dilación paso a comentaros cómo nos ha ido en esta lluviosa y embarradísima última etapa del Camino de Santiago de 2015...

Se presenta una jornada complicada por delante

7.45 horas. Suena el despertador en nuestro hotel de Grandas de Salime, donde hemos pasado nuestra última noche en el Principado de Asturias. Tenemos por delante 26 km de duro perfil hasta la población lucense de A Fonsagrada, donde concluirá esta séptima y última etapa del Camino Primitivo de 2015.

Hoy el día se presenta especialmente complicado. Por un lado, el tiempo, que no acompaña nada. Fuera el cielo está gris, llueve y hace frío. Nos mentalizamos para otra larga y dura etapa pasada por agua.

Pero por otro lado, está el tema de la mochila de Juanma. De nuevo, hoy caminará sin ella. En esta jornada la etapa acaba en A Fonsagrada pero nuestro hotel está en Lugo, distante más de 50 km del final de etapa. De A Fonsagrada hay un autobús que sale hacia Lugo a las 18.15 h. Como no está claro que lleguemos a tiempo para coger ese autobús y como la mochila de algún modo tiene que acabar en Lugo, la idea que tenemos es dejar la mochila de Juanma aquí, en nuestro hotel de Grandas, después venir a recogerla en taxi desde A Fonsagrada para luego irnos en ese mismo taxi hasta Lugo. Por tanto, habrá que contratar el taxi para realizar el trayecto de A Fonsagrada a Grandas primero, de Grandas a Lugo después y, finalmente, el taxi deberá regresar a su sede en A Fonsagrada. Estamos hablando de un trayecto de alrededor de 120 km de taxi.

A las 8.30 horas ya estamos preparados para bajar a desayunar. Esta vez hemos de hacerlo en la cafetería del hotel.

El mejor gesto de todo el Camino para comenzar el día

La cafetería tiene un calefactor que está encendido. Y se agradece porque hace frío. Nos hemos bajado ya con los ponchos preparados porque sabemos que hoy tocará utilizarlos. En la cafetería solo estamos nosotros, el encargado y los componentes de otra mesa: un matrimonio acompañado de tres chicas, una de ellas parece ser su hija. Por lo que oímos, las tres chicas inician el Camino (o la etapa) aquí, en Grandas de Salime, y el matrimonio lleva el coche de apoyo.

Mientras tanto, en otra mesa, nosotros le pedimos al encargado nuestros desayunos: café, tostadas y zumo. Cuando nos los sirve, hablamos con él para explicarle el tema de la mochila. Nos la tiene que guardar en algún sitio hasta que nos acerquemos nosotros por la tarde en taxi para...

En ese momento, se nos acerca el padre de familia de la mesa de al lado y nos dice: —Perdona, he escuchado lo que decíais. Nosotros vamos hacia Lugo. Si queréis, os llevamos nosotros la mochila a vuestro hotel—.

¡Menudo detallazo! Le dijimos que no tenían por qué preocuparse... que el de Lugo era un hotel muy pequeño, situado en una zona peatonal dentro del recinto amurallado, de acceso complicado, que quizá les resultase difícil dar con él... Nos dijo que no había problema, que ya preguntaría (porque no conocían la ciudad) e insistió en llevarnos la mochila a Lugo. Accedimos a ello y se lo agradecimos infinitamente. Acto seguido le ayudamos al señor a cargar la mochila en su coche y les despedimos a todos, que se pusieron en marcha antes que nosotros: el matrimonio en coche y las tres chicas a pie.

Este gesto nos abre la posibilidad de coger el autobús de A Fonsagrada a Lugo (si llegamos a tiempo) además de ahorrarnos muchos euros de taxi. Tras este buen gesto de solidaridad jacobea, unos minutos después terminamos de desayunar, sellamos nuestras credenciales en el hotel y salimos de la cafetería dispuestos a iniciar la última etapa de este Camino.

Comienza la etapa

Bajo una fina lluvia, a las 9.10 h damos por iniciada la etapa recorriendo de nuevo las calles principales del pueblo. La colegiata sigue cerrada y nos quedamos con las ganas de poner el sello correspondiente.

Los primeros kilómetros de la etapa de hoy discurren entre pequeños caseríos y aldeas por sendas tan herbosas como embarradas. La lluvia aprieta por momentos y también se nota algo de viento. El perfil es de ligera subida.

En la aldea de Cereixeira, a tres kilómetros de Grandas, presenciamos alguna tierna escena entre una yegua y su potrillo. Un kilómetro más adelante nos sorprende la presencia de la bonita capilla de La Esperanza, perdida en medio del monte en un tramo especialmente embarrado donde coincidimos con más peregrinos.

Ya con la lluvia mucho más intensa —y sobre todo, molesta— alcanzamos la población de Castro, que cuenta con un castro de la Edad del Bronce. Y también con un albergue de peregrinos regentado por varios jóvenes hospitaleros. Aquí ponemos el segundo sello del día en nuestras credenciales. Poco a poco van cayendo los kilómetros de la etapa: llevamos 5,5 y son las diez y media de la mañana.

Continuamos la marcha por caminos embarrados y con lluvia intermitente hasta la capilla de San Lázaro, en el kilómetro 7 de la etapa, antesala de la población de Gestoselo, un kilómetro más adelante, donde tomamos el arcén de la carretera con más lluvia y con un viento que hace que nos calemos de agua por todos lados.





Subida al alto del Acebo

Desde Gestoselo, la subida se va haciendo más pronunciada. Nos estamos dirigiendo, por el arcén de la carretera, hacia el alto del Acebo, que marca el límite entre Asturias y Galicia.

Conforme subimos, el viento y la consiguiente lluvia horizontal arrecian con más fuerza. Además, hace bastante frío. Llevamos las manos heladas. Y, por si fuera poco, los coches pasan muy cerca de nosotros a toda velocidad, salpicándonos continuamente. Puede decirse que en estos momentos la situación es verdaderamente penosa. Es el sufrimiento del peregrino en toda su extensión.

Tras media hora de lenta ascensión llegamos a la aldea de Peñafonte, el último núcleo de población de Asturias, donde abandonamos la carretera. Nos detenemos un rato a cubierto para secarnos un poco y tomarnos un pequeño respiro. Restan tres kilómetros de ascensión. Es casi mediodía.

El último tramo de ascensión, el de mayor pendiente, lo realizamos por caminos embarrados y encharcados hasta la línea de aerogeneradores. Tres ruidosos y polvorientos motoristas de motocross se cruzaron con nosotros para darle el toque surrealista a la etapa de hoy. Poco después, hacemos cima y entramos en Galicia. Hemos completado la subida al alto del Acebo. Y aquí hemos cambiado la lluvia por la niebla. Es casi la una de la tarde.

Descanso y comida en la venta del Acebo

Tras un kilómetro de fuerte descenso en medio de la niebla, a la una y diez arribamos a la venta del Acebo, situada en un cruce de carreteras de media montaña. Parece el sitio ideal para hacer una parada y reponer fuerzas.

Al entrar en la venta saludamos a nuestras tres peregrinas samaritanas que salieron del hotel de Grandas de Salime delante de nosotros y que estaban comiendo en una mesa. El local es rústico, pequeño y acogedor, con bastante decoración futbolera. Hay un espectacular póster del CD Lugo que se ve empañado por la presencia de fotografías de futbolistas piscineros vestidos de blanco... jejeje...


En este lugar hacemos un receso de más de media hora en el que damos buena cuenta de una ración de queso con embutidos de la tierra. Pasadas las dos de la tarde, tras sellar por tercera vez hoy nuestras credenciales, reanudamos la marcha. Parece que, por fin, ha dejado de llover.

Por la tarde

Faltan doce kilómetros para acabar la etapa. El tiempo va mejorando poco a poco. La temperatura todavía es fresca pero hace ya un buen rato que ha dejado de llover. Por momentos el sol intenta lucir entre las nubes.

Desde la venta del Acebo, el Camino es de suave descenso mientras cruzamos las pequeñas aldeas de Cabreira, Fonfría y Barbeitos por pistas más o menos próximas a la carretera. Los ponchos empiezan a sobrarnos y acabamos por quitárnoslos. Parece que podremos llegar sin ellos a A Fonsagrada.

En Barbeitos, a 6 km del final de etapa, comienza un bonito tramo que avanza cerca de un pinar hasta la ermita de Santa Bárbara, desde donde pueden contemplarse hermosas vistas.

También podemos divisar en la lontananza el pueblo de A Fonsagrada, que se eleva en un alto. El Camino transita por una pista elevada, limitada por una valla de madera, que discurre paralela a la carretera.

De pronto un sonido familiar —y nada hermoso precisamente— nos retumba en los oídos. Otra vez los pesaos de los tres ruidosos motoristas que pasaron antes... ahora vuelven y nos hacen echarnos a un lado del camino. A tomar por c..., ¡¡¡a practicar con las motos a otro sitio, pelmazos!!!

A las cinco de la tarde llegamos a la pequeña capilla de la Santa Cruz, en la aldea de Paradanova. Solo nos faltan dos kilómetros para llegar a A Fonsagrada, que se eleva encima de nosotros.

El fin del Camino

Desde Paradanova hay dos rutas para llegar a A Fonsagrada. La antigua, que es medio kilómetro más corta pero de mayor pendiente. La moderna, más larga pero de ascenso más suave. Decidimos tomar la primera.

La madre que parió a la última cuesta. Menudo último kilómetro. Yo creo que la pendiente supera el 30% de media... El justo colofón para este Camino. Llegamos a arriba reventados y bufando. Hasta el último metro de este Camino ha habido que esforzarse al máximo. Ha sido el masaje final que necesitaba la malparada rodilla de Juanma. No veréis imágenes de este último tramo porque no teníamos fuerzas ni para hacer una miserable foto...

Por fin, a las cinco y media de la tarde, con sol, aparecemos por la calle principal de A Fonsagrada. A lo lejos ya vemos la iglesia. Detrás de ella, el albergue de peregrinos donde ponemos nuestro último sello. Y muy cerquita, la fuente sagrada de 1882 que da nombre a la población. El objetivo está cumplido.

Nos acordamos muchísimo de las personas que nos ayudaron en Grandas de Salime. Gracias a ellas podremos tomar aquí el autobús que nos llevará hasta Lugo sin preocuparnos de la mochila de Juanma. Gracias a ellas nos hemos ahorrado un montón de euros que, de otra manera, hubiéramos tenido que pagar al taxista. Gracias a ellas disfrutaremos de más tiempo para movernos esta tarde por Lugo.


El autobús sale a las 18.15 h hacia Lugo. Lo hace frente a un céntrico bar donde todavía tenemos tiempo de tomarnos un pequeño refrigerio. El autobús llega puntual a su cita un par de minutos antes de la hora de partida; cargamos en él mi mochila, tomamos asiento y... ¡zum! Zumbados hacia Lugo. Momento de reírse, de recordar anécdotas de hoy y de otros días, de mensajearnos con nuestros familiares y amistades que nos han acompañado virtualmente en todo este Camino...


En el precioso y muy distendido trayecto hacia Lugo pasamos por sitios, como Cádavo Baleira, que nos resultarán familiares el año que viene, pues por ahí discurrirá la segunda parte de este Camino que nos llevará a Santiago en 2016. A las siete de la tarde llegamos a la estación de autobuses de Lugo.

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Tarde-noche en Lugo

Nuestro pequeño hostal de Lugo es muy céntrico, a tan solo diez minutos de la estación de autobuses. Se encuentra en el casco histórico, dentro del recinto amurallado de la ciudad. Una vez en él, la amabilísima dueña le da a Juanma su mochila y, puesto que el hostal no está completo, nos pone, sin cobrarnos ni un euro más, una habitación individual a cada uno. Esta noche solo escucharé mis propios ronquidos, jejeje.

Nuestras habitaciones están en dos pisos diferentes, una justo encima de la otra. Y lo mejor de todo es que ambas están orientadas hacia la muralla, que está a solo diez metros de nosotros. Casi podemos tocarla... Por fin una buena vista desde la habitación. Como el año que viene hay una etapa del Camino que termina en Lugo, muy probablemente repitamos hostal.

Tras emplear un poco de tiempo en acomodarnos en nuestras habitaciones, al caer la tarde salimos a dar un paseo por el casco viejo. Pero antes de nada había que realizar un pequeño ritual. Mis deterioradas botas de peregrino, con más de 1000 kilómetros a cuestas, habían hecho hoy su último Camino. Sus agujeros eran ya auténticos coladeros para el agua y las humedades. Me dio algo de pena tirarlas, quizá merecían un mejor final... pero se han quedado en un contenedor de basuras de Lugo para siempre... Bueno, hasta que pase el camión de la basura.

Proseguimos nuestro paseo por el centro para hacer alguna compra primero y luego para cenar de picoteo y conocer la noche lucense. Hubo brindis con Albariño por los presentes y los ausentes. Y pelotazos de todos los colores. Todos los locales que pisamos estaban muy animados. Ya ni nos acordamos de los rasguños, molestias y lesiones que hemos recolectado toda esta semana —y eso que han sido unos cuantos— pues, ya sabéis, sin dolor no hay Camino.

Pasadas las once de la noche dimos por finalizada esta intensa jornada. Era el momento de ir a recogerse al hostal.

El regreso a Madrid

Al día siguiente desayunamos en una cafetería próxima a la catedral en la que estaban preparando tartas para un bautizo. Vaya pasteles que hacen por aquí. Nuestro tren hacia Madrid sale poco antes de las once de la mañana de modo que hay que apresurarse con las últimas compras antes de ir a la estación.

El tren salió muy puntual, alcanzó velocidades punta de 300 km/h durante su trayecto, y llegó a media tarde a Madrid, donde nos esperaba la peregrina Laura con su hermana Olga, para recogernos. Era el punto final de un viaje impresionante. Nos hemos quedado con ganas de más.

El año que viene está previsto realizar la otra mitad de este Camino Primitivo, entre A Fonsagrada y Santiago, ya con un perfil más suave que discurrirá completamente por tierras gallegas.

Pero ya sabéis, eso os lo contaremos... este año no... ¡el que viene!

Os esperamos a tod@s y pasaremos lista...

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Lana del Rey "Summertime sadness")

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jueves, 30 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 6 (Camino de Grandas de Salime)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde nuestro hotelito de Grandas de Salime, población asturiana situada muy cerca del embalse del mismo nombre, que hemos cruzado para llegar hasta aquí. La etapa de hoy nos ha traído desde Berducedo tras 21 kilómetros de recorrido, primero con descensos y luego con ascensos. Hemos tenido frío y lluvia al inicio de la etapa para dar paso luego a un tiempo más soleado con temperatura agradable.

La de hoy ha sido la tercera etapa que ha tenido un gran embalse como protagonista en la historia de Los 4 peregrinos. Primero fue el embalse de Portomarín, en aguas del río Miño, en la etapa con final en el pueblo lucense de Portomarín (Camino Francés, CS2011). Después vino el embalse de Yesa, sobre el río Aragón, en la etapa con final en la población navarra de Sangüesa (Camino Aragonés, CS2012). Hoy ha tocado el embalse asturiano de Grandas de Salime, sobre el río Navia, en este Camino Primitivo CS2015.

A continuación os contamos cómo ha transcurrido la etapa de hoy...

Desayuno en el albergue

Como ya os comentamos ayer, nuestro alojamiento de Berducedo se turna con el albergue a la hora de ofrecer comidas a los peregrinos. Por esa razón, el desayuno de hoy lo hemos efectuado a las ocho y media de la mañana en el cercano albergue de peregrinos.

Los apenas cien metros que separan ambos establecimientos los hemos recorrido bajo un cielo encapotadísimo. No llueve aún pero tiene pinta de que en cualquier momento cae la del pulpo. Además, hace algo de frío.

El albergue de peregrinos cuenta con una pequeña tienda de alimentación. Aprovechamos la ocasión para comprar unos plátanos para la jornada de hoy, que tan solo cuenta con una referencia intermedia donde se puede comer: se trata de un hotel situado junto al embalse, a 7 km del final de etapa.

Juanma sigue con la rodilla fastidiada y ha decidido caminar hoy sin mochila. La enviará por taxi hasta nuestro hotel de Grandas de Salime. Desde el albergue llamamos tanto al taxi para que recoja la mochila como al hotel de Grandas, para avisarles.

Cuando estamos a punto de recoger los bártulos para iniciar la etapa, podemos escuchar en la televisión del bar del albergue que, desde hace un mes, hay una peregrina norteamericana desaparecida por la zona de la Cruz del Hierro, cerca de Astorga, a la que están buscando...

Inicio de etapa con ponchos

A las 9 h, tras dejar en el taxi la mochila de Juanma con dirección a Grandas, iniciamos la marcha. Con ponchos. El ambiente es frío y muy húmedo pero, de momento, no llueve. Será por poco tiempo. Salimos del pueblo pasando cerca de la iglesia de Santa María, junto a la que crece un enorme tejo, árbol sagrado para los celtas debido a su gran longevidad.

Apenas unos minutos después ya estamos completamente fuera del pequeño pueblo de Berducedo. Por pistas y caminos forestales salimos a la carretera comarcal donde tomamos el arcén. Comienza a llover y lo hace con fuerza. También arrecia el viento. Nuestra marcha se ralentiza.



Los primeros kilómetros de hoy

Nuestra primera referencia de hoy es La Mesa, población aún más pequeña que Berducedo, distante de ella 4 km, y en la que, inicialmente, nos habíamos planteado concluir la etapa de ayer. Si no lo hicimos fue por falta de alojamiento aquí, ya que solo hay posibilidad de dormir en el albergue que, además, está cerrado en estas fechas. En La Mesa nos detenemos a las diez de la mañana por espacio de unos pocos minutos, a ver si para un poco la lluvia. En el pueblo sobresale la iglesia de Santa María Magdalena, del siglo XVII, pero sobre todo destaca el bonito entorno.

Tras La Mesa iniciamos un corto, lluvioso y ventoso ascenso —todavía por carretera— a una loma coronada por un parque eólico que apenas se deja ver por la lluvia y la niebla presentes en la zona. A duras penas pueden apreciarse las aspas de los molinos de viento girando con fuerza aunque el fuerte sonido que emiten delata su presencia.

Un pequeño descenso nos conduce a la aldea de Buspol y su capilla de Santa María, que es una pequeña construcción austera y bella en piedra y lajas de pizarra. Aunque la puerta está cerrada, a través de ella pueden vislumbrarse las tres coloridas tallas que componen el retablo.

Son las 11 h y comienza el largo descenso hasta el embalse de Grandas de Salime. La vista panorámica desde aquí es espectacular: la cuenca del río Navia con el lejano embalse a un lado, la población de Grandas de Salime al otro, un hermoso peregrino en medio y, al fondo, dominándolo todo, las montañas astur-galaicas.

En este momento me quedo definitivamente sin cámara de fotos. Las dos unidades de memoria que me traje desde Madrid están llenas y no puedo liberar más espacio porque, como recordaréis, no me funciona el visor desde el final de la etapa que concluyó en Grado y, sin visor, no puedo borrar archivos ni liberar espacio. Así que, a partir de ahora, solo me queda el móvil para hacer fotos o para grabar vídeos. GRRRR!!!

Descenso hacia el embalse

El camino de descenso hacia el embalse es una verdadera delicia. Piornos, monte bajo y pinos son nuestros acompañantes a lo largo de una verde senda que desciende, poco a poco, hacia el embalse. Tendremos que descender hasta el nivel mismo de la presa, cruzarla (ya por la carretera) y subir por la otra orilla hacia la población de Grandas de Salime.

Al comenzar el descenso deja de llover. Por si acaso, aguantamos todavía con los ponchos puestos. En estos kilómetros iniciales de descenso nos adelantan algunos de los peregrinos con los que hemos coincidido estos días: primero la pareja de peregrinos extranjeros, luego la peregrina inglesa que estaba con ellos ayer en Lago, más tarde un caracol despistado... Hoy nos adelanta hasta el tato... Pero de nuestro amigo, el peregrino francés, ni rastro. Suponemos que anoche no ha dormido en Berducedo, sino más adelante, y que por eso sigue la marcha muy por delante de nosotros.

En este precioso tramo inicial de descenso entre pinares hemos visto un par de señales en el Camino recordando a peregrinos que fallecieron en este lugar. Pobres... Siempre se te encoge un poco el corazón cuando ves la foto de alguien que se ha quedado ahí para siempre. Esto nos ayuda a recordar lo duro que esto y que nunca hay que bajar la guardia... D.E.P.

Pasado un rato, en un recodo del camino, decidimos hacer un pequeño alto en nuestra marcha para comernos los plátanos que habíamos comprado en el albergue de Berducedo. Sigue sin llover y ya hace tiempo que nos hemos quitado de encima los ponchos. ¡Qué alivio! La verdad es que los ponchos te protegen mucho contra el agua pero dan muchísimo calor. Y llega un momento en que, si llueve mucho, el agua resbala por ellos y acaba penetrando en las botas aparte de que resulta muy incómodo moverse con esa indumentaria.

Prosigue nuestro descenso, cada vez con la imagen del embalse más próxima. Parece mentira. Hace un rato lo veíamos lejísimos y ahora casi lo tenemos a un paso...

El descenso es agradable pero supone una dura prueba para las rodillas. Por momentos se vuelve más abrupto, sobre todo en la parte final de la bajada en la que, tras pasar por un precioso castañar, hubo que acometer una serie de vueltas y revueltas que nos llevaron al borde mismo del embalse.

El descenso concluye en la carretera que cruza el embalse. Antes de llegar a la presa nos detenemos en la Boca de la Ballena, un impresionante mirador colgante a 128 metros de altura sobre el agua. Ya por carretera, poco después, llegamos a la presa. Son las dos de la tarde. A partir de aquí, todo el recorrido es cuesta arriba hasta el pueblo de Grandas de Salime.

Comida junto al embalse

Tras un kilómetro de ascenso por la carretera que va por la orilla contraria a la de nuestra llegada al embalse arribamos a un hotel situado en el lugar llamado Vistalegre, donde también se aprecian más construcciones. Este es el sitio elegido para comer hoy. Son las dos y cuarto de la tarde.

Comparado con los últimos donde hemos estado alojados, este hotel parece más grande. En él hay más peregrinos comiendo y aprovechamos la ocasión para sellar nuestras credenciales por primera vez hoy. Nos pedimos unos bocadillos para no demorar demasiado la salida. Tras los cafés, reanudamos la marcha pasadas las tres de la tarde. Nos faltan casi siete kilómetros para concluir la etapa.

Últimos kilómetros de la etapa

Proseguimos el ascenso por la carretera, pegaditos al embalse. A los pocos minutos, presenciamos un desprendimiento a escasos metros de donde estamos: una roca de un tamaño más que respetable cae desde la ladera de la montaña cruzando la carretera hacia el embalse. Solo unos metros más adelante de nuestra posición. Si nos pilla a nosotros o a algún coche, nos hace un buen arreglo... ¡Uff!

Todavía no repuestos del susto anterior, seguimos subiendo por la carretera. El embalse va quedando cada vez más abajo hasta perderse casi de vista a causa de los numerosos pinos que lo tapan. Así, las cosas, a dos kilómetros del final de etapa, tomamos un desvío que nos hace subir por una vereda empinadísima hasta desembocar en una senda muy boscosa.

El paisaje es ahora de lo más bucólico por este tramo de bosque. Lástima que ya llevemos hoy casi 20 kilómetros de recorrido y, en toda la semana, más de 120, y que no estemos para apreciar mucho el decorado. Las piernas pesan, y mucho. La rodilla de Juanma va mal, pero aguanta.

El último kilómetro de la etapa guardaba la anécdota simpática de la jornada. Un inoportuno —y gigantesco— tronco caído está cruzado en medio del camino cortándonos el paso. Yo, que voy delante, tomo impulso para subirme a él e intentar pasar al otro lado, pero con la mochila y el cansancio acumulado en las piernas me quedo literalmente enganchado y montado sobre él. Entre la falta de fuerzas del momento y la risa que me da lo absurdo de la situación, me quedo literalmente inmovilizado durante unos segundos... montado sobre el tronco. Juanma, que viene detrás, no deja pasar la ocasión para fotografiarme en plan John Wayne cabalgando sobre el tronco, en medio de las carcajadas de uno y otro. Pasó casi un minuto hasta que conseguí bajarme...

Fin de etapa

Apenas un cuarto de hora después de la escena anterior, más propia de un western que de una peregrinación, hacemos nuestra entrada triunfal en Grandas de Salime con la campana de la iglesia tocando a muerto. Son las 16.40 h y acaba de caer la penúltima etapa del Camino Primitivo.

Nuestro hotel está en la plaza principal del pueblo, justo frente a la iglesia (colegiata), y muy próximo al ayuntamiento. Comprobamos que la mochila de Juanma también ha llegado sin novedad, en mejor estado incluso que nosotros —pues la muy comodona se hizo la etapa en taxi, como dije antes—, y pasamos por fin a nuestra habitación, a descansar unas horas.

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Tarde-noche en Grandas

Tras unas relajantes horas de descanso, a las ocho de la tarde salimos a dar nuestro habitual paseo vespertino por el pueblo. Destaca sobremanera la colegiata de El Salvador, de pasado templario, que tenemos justo en frente del hotel. Lamentablemente está cerrada y no podemos sellar en ella nuestras credenciales.

El pueblo es pequeño y se recorre rápido. Nos llamó la atención un hórreo asturiano (panera) situado cerca de la plaza principal. Tampoco perdimos de vista un par de bares que había por allí. En uno de ellos, de un hostal, cayeron unas lindas sidras asturianas mientras hacíamos tiempo para la cena. Aquí nos pusieron en nuestras credenciales el segundo sello de la jornada. En nuestro hotel no podremos sellar hasta mañana porque la recepción cierra por la noche, al igual que su cafetería, situada en un local contiguo.


Y así nos dieron las nueve de la noche... Una sidrería situada frente a la colegiata es el lugar elegido para cenar hoy. Se trata del local más animado que hemos encontrado en el pueblo y, además, lo tenemos a un paso del hotel. Para qué buscar más. Y puesto que hoy dormiremos a 14 kilómetros de tierras gallegas, las homenajearemos cenándonos una suculenta ración de pulpo, regada con Ribeiro. Y de postre, helado.

Tras dar buena cuenta del cefalópodo cocido, por fin, a las diez y media de la noche, toca retirada. La colegiata nos despide a nuestro paso hacia el hotel donde dormiremos en suelo asturiano por última vez en este Camino.



Mañana, la última etapa

Pues sí, mañana viernes, última etapa de este primer año del Camino Primitivo. De Grandas de Salime hasta A Fonsagrada, ya en Lugo, con más de 26 kilómetros de recorrido, el segundo más largo de este año. El perfil de la etapa de mañana no es fácil: hasta llegar a Galicia hay que ascender a lo largo de 14 duros kilómetros. A partir de ahí viene un suave descenso hasta un último tramo final de 2 kilómetros, donde se retoma el ascenso hasta alcanzar A Fonsagrada.

Una vez en A Fonsagrada, nos desplazaremos de inmediato a Lugo (ya veremos cómo), donde tenemos nuestro hotel. El sábado regresaremos en tren a Madrid, desde donde os contaré cómo ha sido esta última etapa.

Así que, esta vez, el final del Camino no os lo contaremos mañana sino... ¡pasado mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Icehouse "Icehouse")

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