sábado, 29 de abril de 2017

CS2017 — Etapa 2 (Camino de Abeleiroas)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde nuestro hotel en el pueblecito coruñés de Mazaricos, en plena Galicia rural. Ahora mismo está lloviendo a cántaros ahí afuera, pero en la etapa de hoy no nos ha caído ni una gota aunque el día, pese al sol, ha sido ventoso y muy fresco. La etapa de hoy ha concluido en una pequeña aldea, Abeleiroas, a tres kilómetros de nuestro hotel. Nada menos que 28 kilómetros de etapa —la más larga de este año— nos hemos metido para el cuerpo. Isabel ya ha registrado su primera ampolla del Camino. ¡Enhorabuena!

Desayuno en Negreira

Una vez más, el despertador del móvil de Isabel, implacable, ha sonado a las 7.45... Hora de levantarse... La maquinaria peregrina se pone en marcha. Desde nuestro coqueto balconcito de la habitación divisamos la calle principal de Negreira, medio vacía, con el ayuntamiento a la vista. El día, fresco y despejado. Como ayer.

Parece que estamos bastante enteros después de la etapa de ayer; así que, a las ocho y media, sin mayor contratiempo bajamos al comedor a desayunar de buffet. Esta vez estamos los tres —Juanma, Isabel y yo— solos, pues la familia peregrina aún está en su habitación; supongo que los peques aún están dormidos y los grandes deben aprovechar la ocasión para descansar también. Ellos bajarán luego.

El desayuno, excelente; con café, tostadas, algo de bollería y zumo. Muy bien para tratarse de una pensión. Antes de marcharnos sellamos nuestras credenciales en la pensión (que recuerdo que también es albergue) y... ¡menudo sello! De los más bonitos que nos han puesto. En él se contempla una imagen del arco del pazo de Negreira, por donde pasaremos dentro de unos minutos para abandonar el pueblo. Ya sabéis que más o menos al final de cada entrada del blog os ponemos una imagen con todos los sellos de la etapa.

¡En marcha!

Pues así las cosas, a las nueve y diez de la mañana dejamos el hotel y nos ponemos en marcha siguiendo la calle principal que nos lleva al pazo de Cotón, que ya visitamos ayer.

Tras cruzar un pequeño río, en seguida llegamos a lo que fue el núcleo original de Negreira, llamado Negreiroa, donde está la bonita iglesia de San Julián.

A partir de aquí surge un precioso tramo boscoso de hoja caduca, habitual por estas latitudes. En esta ocasión se trata de una subida hasta el alto de la Cruz, por donde conectamos de nuevo con la carretera, pasado el kilómetro dos de la etapa.

Este tramo de bosque, además de su belleza, es fuente de inspiración para relatos y leyendas. En particular nos acordamos —sobre todo Isabel— del chiste que contó Toñín en la cena de anoche: los continuos encuentros de un oso gay y un cazador que pretende matarle pero que no tiene ninguna puntería y siempre acaba sucumbiendo a las zumbadas del oso por ahí donde más le duele... Hasta el punto de que el oso ya duda de las verdaderas intenciones del cazador... ¿Será que le gusta que le dé por ahí detrás...? Jajajaja.

Bueno pues entre risas y guasas no solo con el chiste en cuestión sino también sobre quién ronca más, si Juanma o yo —pues según Isabel roncamos los dos (cosa en la que no estoy nada de acuerdo)—, así transcurrieron los primeros kilómetros de la etapa.

De vez en cuando adelantábamos, o éramos adelantados, por más peregrinos. Incluso alguno hacía el Camino al revés, o sea, de Finisterre a Santiago. A lo largo de la etapa pequeñas aldeas, como Zas, se alternaban con preciosos tramos de bosque y arbolado.

En uno de estos trechos de camino en el bosque vimos un conjunto de vacas cachenas, de esas que nos comimos en Pereiro cuando veníamos en el coche desde Madrid. Espectaculares con sus grandes cuernos. Por cierto que por esa zona casi nos topamos de frente con una liebre que corría hacia nosotros y, al vernos, se escondió para reanudar su recorrido más adelante.



Otro de los lugares destacados de estos primeros kilómetros fue el pueblo de A Pena, con su iglesia de San Mamede. Se encuentra en el kilómetro 8 de la etapa de hoy y llegamos a ella pasadas las once de la mañana. Llevamos un ritmo aceptable de marcha y eso que prácticamente no hemos hecho otra cosa que subir.

Primer avituallamiento

La etapa de hoy está plagada de pequeños núcleos rurales, muy pequeños, pero afortunadamente hay varios bares repartidos por todo el recorrido. Habíamos pensado en parar en uno de ellos a encargar unos bocatas para comérnoslos más adelante.

Poco antes de llegar al kilómetro 13 de la etapa, tras un largo tramo de carretera por el que vimos circular a numerosos peregrinos italianos en bicicleta, llegamos a la aldea de Vilaserío: son las doce y media de la mañana. Aquí hay un bar bien dotado donde nos tomamos algún refrigerio, sellamos las credenciales y encargamos unos bocadillos que portará Juanma en su mochila.

La verdad es que se agradece alguna paradita como esta de vez en cuando pero no es conveniente que se haga demasiado larga para no rompernos demasiado el ritmo.




La turboperegrina italiana

Poco antes de la una de la tarde retomamos la marcha, primero por el arcén de la carretera nuevamente y luego por caminos de concentración parcelaria. El paisaje se hace menos "boscoso" y ahora hay más "campo", por decirlo de algún modo.

En el trayecto inmediato a la parada anterior, se nos unió durante unos minutos una joven peregrina italiana que andaba sola y que se hacía etapas de ¡¡40 kilómetros!! habitualmente. Incluso comentó que en alguna llegó a recorrer 70 kilómetros. Para esta mujer, el Camino completo a Finisterre debe ser un aperitivo.

En realidad esta peregrina estuvo hablando con Juanma e Isabel, que iban más adelantados. Yo iba más atrás hablando (con el móvil de Juanma porque el mío está KO) con Laura, para indicarnos su posición. Me comentó que estaba con Toñín y los niños en el bar de Puente Maceira donde comimos nosotros ayer, junto al río. Y para que no haya dudas, nos envió alguna imagen del momento.

Comida en Santa Mariña

Una vez que dejamos, o más bien nos dejó, porque iba como un tiro, la peregrina italiana, nos empezamos a plantear dónde comernos los bocatas que nos habían preparado en Vilaserío. El lugar candidato era Santa Mariña, una pequeña aldea con albergue y bar, situada en el kilómetro 21 de la etapa, a siete de la meta de hoy.

Llegamos a este lugar a las dos y media de la tarde cuando unas amenazadoras nubes negras —que no llegaron a descargar en ningún momento— se cernían sobre nosotros. En la terraza de este bar-albergue nos tomamos unos refrescos junto con los bocatas que llevábamos. El sitio estaba lleno de peregrinos, sobre todo en el interior.

Ya llevábamos una buena paliza encima, se notaba en las caras de cansancio, pero aún nos quedaban unas dos horas de caminata. Antes de reanudar la marcha, sellamos las credenciales y nos quedamos hablando un rato con una simpática peregrina portuguesa que iba a pasar la noche en el albergue.

Cuestas y rodeos

De los siete últimos kilómetros de esta etapa no nos olvidaremos fácilmente. En primer lugar hay que retomar la carretera para después seguir una pista bastante empinada que va cruzando varias pequeñas aldeas como Bon Xesús y Gueima.

Por cierto que en este tramo vimos una de las escenas simpáticas de la jornada: dos vacas asomadas a una misma ventana observando el paso de los peregrinos...

La pista empinada concluía en la aldea de Vilar do Castro y aquí surge un desvío, que sabíamos que nos íbamos a encontrar, pero del que no conocíamos su perfil: resultó ser una larguísima cuesta que rodeaba literalmente el monte.

Es decir, cuesta por un lado, y además, para dar un rodeo ya que el paso principal estaba cerrado. ¡Menuda faena! A más de uno se le hizo eterno este tramo y, en particular, a un grupo de peregrinos portugueses a los que adelantamos y que llevaban unas caras que lo decían todo.



Desde la parte alta de este tramo se divisaba el río Xallas, que cruzaremos mañana, y el embalse de la Fervenza. En Galicia las fervenzas son las cascadas, y el río Xallas es conocido por ser el único en toda Europa que desemboca en el mar formando una espectacular cascada: la cascada de Ézaro.

Llegada a Abeleiroas

Los últimos tres kilómetros de etapa fueron de un descenso más bien caótico por en medio del monte. Veíamos casas y desvíos no señalizados de modo que en algún momento nos surgió la duda de por dónde debíamos caminar. Habíamos quedado en avisar a Toñín para que nos viniera a recoger cuando llegásemos a nuestro destino ya que ellos ya estaban en nuestro hotel de Mazaricos, a tres kilómetros del final de etapa de hoy.

Abeleiroas es una aldea muy pequeña que no aparece señalizada por ninguna parte. En nuestro cuaderno de ruta ya nos advertían del pequeño caos de esta zona. El caso es que acabamos por alcanzar una pista sin tener claro para dónde tirar... y, de repente... ¡sorpresa!



Justo por detrás de nosotros, tocándonos el claxon, aparece Toñín con el coche de apoyo que, por lo visto, también estaba dando vueltas por la zona para encontrar nuestra meta de hoy, Abeleiroas. Pero aún no estábamos en ella sino en la aldea contigua, Porteliñas. Preguntamos a una señora que salía de una casa cercana en ese momento y nos indicó que Abeleiroas estaba justo al subir la cuesta siguiendo la carretera, a 300 metros.

Así que, para cumplir con la etapa de hoy, recorrimos esos trescientos metros finales hasta llegar a nuestra meta, donde ya nos esperaba de nuevo Toñín. Eran las cinco y cuarto de la tarde y nos acabábamos de liquidar una etapa de 28 kilómetros.



Tarde-noche en Mazaricos

Apenas un cuarto de hora nos llevó llegar a nuestro hotel de Mazaricos, la capital del municipio, donde estaban Laura con los niños para darnos la bienvenida.

Mazaricos es el típico pueblecito de la Galicia rural. Nuestro hotel estaba bien situado y disponía de una zona verde con columpios y algún entretenimiento para los niños. Nosotros nos quedamos en la habitación para descansar y asearnos un poco mientras Laura y su familia se quedaron con los peques en la zona ajardinada.

Ya en la habitación Isabel pudo constatar su primera ampolla del viaje, en la planta de un pie. Habrá que tratársela para que la cosa no vaya a mayores. Lo que sí que va empeorando es el tiempo, el cielo está negro y empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. Parece que el resto de la jornada de hoy va a transcurrir en el hotel.



Tras descansar un rato en la habitación, Juanma y yo nos bajamos a la cafetería del hotel donde estaban Laura y Toñín con los niños. A Laura se la veía bastante cansada y ya dijo que se iba a recoger pronto, una vez que cenasen los niños.

Esto nos trastocó a Juanma y a mí los planes porque queríamos celebrar que justamente un día como hoy, pero de hace diez años, iniciamos y concluimos la primera etapa del Camino de Santiago, de Saint Jean a Roncesvalles. De hecho Juanma tenía preparadas unas camisetas conmemorativas para Los 4 peregrinos, así que tendremos que dejar la celebración para mañana, donde estaremos alojados (por dos noches) en un hotel de playa, muy cerca de Finisterre.

Hoy sábado había jornada futbolera así que os podéis imaginar cómo transcurrió la tarde. Entre cervezas (y pizzas para los peques) estuvimos viendo el partido del Atlético en Las Palmas (0-5). Luego se unió Isabel, más tarde se fueron Laura y los peques a la habitación y, poco antes de las nueve de la noche, pasamos al comedor para cenar los que quedábamos, o sea, Toñín, Juanma, Isabel y yo. Estábamos prácticamente solos en el comedor y nos echamos unas buenas risas.

Isabel no se quedó para los cubatas porque también estaba destrozada de la larga etapa de hoy, así que nos quedamos solos los Tres Mosqueteros viendo un Espanyol-Barça (0-3) en la tele a cubata limpio. Por cierto que, al acabar el partido, la pantalla de la tele se quedó varios minutos congelada con una imagen de Jordi Alba, el defensa del Barça, que recordaba al cazador del chiste del oso.

Y mañana... ¡el mar!

Bueno, pues ya estamos de vuelta en la habitación, con unos cuantos cubatitos encima... Además, ahora mismo está lloviendo mucho. Nos tememos lo peor para la etapa de mañana en que llegaremos al mar, a Corcubión, tras 26 kilómetros y medio de recorrido.

Mañana y pasado estaremos alojados en un hotel de la playa Langosteira, por donde pasa el Camino justo antes de entrar en el pueblo de Finisterre. Pinta bien, desde luego. Además, a ver si conseguimos hacer esa pequeña celebración que tenemos pendiente...

Pero, ya sabéis, eso no os lo contaremos hoy sino... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Foreigner "Waiting for a girl like you")





2 comentarios:

Juan Manuel del Aguila Bonilla dijo...

En la 2ª etapa y debido a un desvio provisional tuvimos que superar otra "cuesta descomunal".

Juan Manuel del Aguila Bonilla dijo...

Isabel pudo constatar en primera persona el dicho "sin dolor, no hay Camino" debido a la aparición de una ampolla en la planta de un pie.