lunes, 2 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 3 (Camino de San Román)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde la Galicia profunda, desde un pequeño albergue de peregrinos perdido en medio del monte del centro de la provincia de Lugo. Estamos en el albergue de San Román de Retorta (o, en gallego, San Romao da Retorta) donde hemos disfrutado, hace tan solo unos minutos, de una deliciosa queimada, como os contamos más abajo.

Aquí hemos llegado tras una etapa corta de algo menos de 20 kilómetros. No ha llovido, el tiempo ha sido algo fresco pero el sol sigue implacable, poniendo nuestros brazos, poco a poco, como cangrejos. Además hoy ha habido mucho asfalto y sus efectos se empiezan a notar en forma de rozaduras y principios de ampollitas en los pies.

Bueno, ahí va el relato de la etapa de hoy...

Desayuno y visita a la catedral de Lugo

8.45 horas de la mañana. El despertador apaga bruscamente la vorágine de ronquidos en la habitación del hostal de Lugo. Por delante, una etapa aparentemente cómoda de casi 20 kilómetros hasta nuestro albergue en la aldea lucense de San Román de Retorta. Pasamos revista a nuestros pies y ya empiezan a notarse los efectos del sol de las etapas anteriores. Nos aplicamos los mejunjes y yo salgo hoy con dos tiritas en los dedos por diferentes rozaduras. El roncador Juanma sigue fabricando una molesta ampolla y saldrá a caminar con una tirita.

Como la etapa de hoy es corta, decidimos realizar a primera hora una visita a la catedral de Lugo, sin mochilas. Pero antes, un suculento desayuno en una cafetería-pastelería céntrica, a base de surtido de pasteles para acompañar nuestros cafés con leche. La misma pastelería del año pasado durante nuestra breve estancia en Lugo. Y, como la otra vez, de nuevo compramos una caja de peregrinos, ya sabéis, esos pastelitos de tarta de Santiago con forma de vieira; la idea es llevarlos con nosotros hasta agotarlos.

Ahora sí, una vez desayunados, y bien desayunados, nos dirigimos a la Catedral de Santa María de Lugo, a las nueve y diez de la mañana, a realizar una visita de alrededor de media hora. De nuevo nos encontramos con la señora del año pasado, con cierto aire de beata, que nos hizo las veces de guía y selló nuestras credenciales. Se trata de un precioso templo románico originario del siglo XII, con detalles góticos y neoclásicos, un altar barroco e imágenes de los patronos de la ciudad, San Froilán y la Virgen de los Ojos Grandes. La señora nos hizo hincapié en la importancia de esta Catedral por exhibir de forma permanente el Santísimo Sacramento, en referencia al misterio de la Eucaristía; de ahí el cáliz y la hostia que aparecen en el escudo de la ciudad de Lugo.



A las nueve y media concluimos la visita y regresamos al hostal para recoger nuestras cosas e iniciar la etapa del día, no sin antes dar un pequeño rodeo para buscar una administración de loterías y echar la primitiva de la semana.

Inicio de la etapa cruzando el Miño

Así las cosas, hasta las diez y media de la mañana no iniciamos la etapa de hoy. Lo hacemos cruzando la maravillosa muralla romana de Lugo por la puerta de Santiago.

Continuamos descendiendo por la rúa Santiago hasta encontrarnos con el río Miño y su puente romano del siglo I, por donde cruzaremos para salir de la ciudad.

En el entorno del puente estuvimos cerca de media hora, haciendo fotos, tomando imágenes de vídeo e, incluso, descendiendo hasta el cauce del río, donde tuve ocasión de dar un simbólico pisotón al agua.

El día está muy soleado, hace algo de fresco, pero no tanto como en los días anteriores. Se prevé otro día de sufrimiento para nuestros brazos por culpa de la insolación.

Continuamos el Camino por la orilla contraria del Miño, alejándonos poco a poco de la ciudad entre saúcos a lo largo de un hermoso paseo fluvial que discurre frente al estadio del CD Lugo, el mítico Anxo Carro, y el club náutico de la ciudad.

Tras pasar junto a la fuente y la capilla de San Lázaro, donde se situaba el antiguo hospital de leprosos, perdemos definitivamente de vista la ciudad, alejándonos del río. El Camino gira en sentido opuesto al río y se empina ostensiblemente. Esta subida, que al principio es más pronunciada y luego se suaviza, ya no cesará hasta el final de la etapa.


Los primeros pueblos del día

A los cinco kilómetros de etapa tomamos la carretera provincial que nos acompañará en las etapas de hoy y mañana. Siguiendo un estrecho caminito junto al arcén atravesamos las pequeñas poblaciones de Santo Matías y de Seoane.

En las dos aldeas citadas, junto a la carretera, sendas iglesias y ambas cerradas. Cerca de la iglesia de Santo Matías, hemos visto también una fuente que en realidad es un sepulcro de piedra proveniente, sin duda, de antiguos enterramientos.


A lo largo de este tramo hemos coincidido con tres peregrinos rusos, dos chicas rubísimas y un chico más morenito, que andaban por el asfalto en lugar de hacerlo por el caminito de tierra del arcén. Esto nos ha llamado mucho la atención ya que los pies sufren mucho menos andando por la tierra que por el asfalto. En fin, allá ellos... Será que en Rusia añoran el calor...

Bocatas en San Vicenzo

El almuerzo de hoy lo hemos dejado para el pueblo de San Vicenzo do Burgo, justo en el ecuador de la etapa. Un poquito antes de llegar ahí nos topamos con un grupo de casas y, entre ellas, sobresaliendo el Pazo de Carrigueiros.


Poco después, la vieja iglesia barroca de San Vicenzo, del siglo XVIII, por supuesto cerrada también, nos recuerda que es la hora del almuerzo. Las dos menos cuarto de la tarde.

El bar de As Searas, a escasos metros de la iglesia, fue el lugar elegido para la comida de hoy. En el bar coincidimos con más peregrinos. Algunos de ellos se nos adelantaron y nos quitaron la mesita de la terraza así que tuvimos que acomodarnos en el interior. Tampoco estaba nada mal.

Unas impresionantes tostas de tortilla y tomate aderezadas con orujitos de la casa fueron nuestro menú de hoy. En el bar tuvimos ocasión de contemplar unos trípticos de la iglesia de Santa Baia (Santa Eulalia) de Bóveda, templo de baños de época tardo-romana, cuyo desvío veremos un poco más adelante, pero que queda algo alejada del Camino, por lo que no podremos visitarla.

Finalmente, a las dos y media de la tarde, tras sellar las credenciales en el bar, reanudamos la marcha...

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Los kilómetros de la tarde

En el recorrido de la tarde el asfalto cobró aún más protagonismo si cabe. Se acabaron los caminitos de tierra junto a la carretera y apenas hubo algún pequeño tramo de congostra con agradecidísimas sombras por en medio del monte.

A la media hora de la comida dejamos atrás el ya comentado desvío hacia Santa Baia de Bóveda. Y un cuarto de hora después, a las 15.15 horas, cogemos una sombría congostra que, entre la espesura del monte, nos lleva hasta la aldea de Bacurín, adonde llegamos a las tres y media de la tarde. Nos quedan poco más de seis kilómetros para concluir la etapa.



En Bacurín nos desviamos ligeramente del Camino para disfrutar de la iglesia románica de San Miguel, también cerrada, para variar. Aquí coincidimos con un par de septuagenarios peregrinos alemanes —que apenas si chaporroteaban un poquito de español italianizado— a los que libramos, sin duda, de un buen rodeo, ya que se metieron por un desvío erróneo y se estaban alejando del itinerario.


Por estas tierras tan solitarias, a saber dónde hubieran ido a parar los pobres si no llegamos a correr casi 100 metros detrás de ellos para advertirles de su error.

Llegada a San Román de Retorta

En la última hora de la etapa, más asfalto y más insolación. Apenas un par de aldeas, muchas vacas y muy pocas personas antes de llegar a San Román de Retorta, perteneciente al concello de Guntín. La iglesia de San Román, la réplica del miliario romano y un hórreo, junto al bar del pueblo, nos dieron la bienvenida al núcleo urbano.


Para llegar a la zona de los albergues aún hay que caminar un kilómetro por el monte. Así, unos minutos después de las cinco de la tarde, llegamos a una pequeña explanada en medio del monte, donde se sitúan los dos albergues de San Román: el público y el privado. En este último nos alojaremos.

Nuestro albergue en medio del monte

Nuestro albergue se levanta en medio del monte, con fuerte olor a vaca, decorado con una curiosa fachada de colorines que reproduce el entorno. El albergue dispone de una única habitación independiente —la nuestra— situada en la planta baja, junto a la cocina y el comedor. Toda la planta superior cuenta con literas en un espacio común.

Nuestra minúscula habitación tiene dos pequeñas camas entre las que se sitúa la silla, que es el único elemento (a modo de armario) para dejar las cosas. Hay un ventanuco por donde no cabe una cabeza, y menos la mía (justo al lado del coche que aparece aparcado en alguna de las fotos). Y a un lado de la habitación, junto a la puerta, hay unas minúsculas cortinas que se levantan más de un metro sobre el suelo. Detrás de ellas está... ¡el cuarto de baño! Vamos, que si te sientas en la taza del WC, la intimidad es cero patatero. Así que, cuando me toque utilizarlo, que será poco después de nuestra llegada, tendré que echar a Juanma de la habitación...

Aunque parece el albergue de los Siete enanitos de Blancanieves, después de todo, somos los pijos del lugar, o sea, los únicos peregrinos con habitación y baño propios... El resto ni eso... juajuajuas.... Y eso que nuestro albergue es el privado; o sea, se supone que el bueno... Mejor no imaginarse cómo será el otro, el público... jajajajas.

A nuestra llegada sellamos las credenciales en el albergue y el encargado nos tomó nota de lo que queríamos para cenar, ya que había que encargar la cena con antelación si queríamos comer en el albergue o, en caso contrario, caminar un kilómetro en medio del monte para ir al pueblo y regresar después. No había muchas alternativas.

Tras acomodarnos como buenamente pudimos en la habitación, decidimos dar un pequeño paseo por las inmediaciones del lugar. Tampoco había muchos sitios donde ir, de modo que caminamos cien metros hasta el albergue público y poco más. Luego regresamos hacia el comedor porque a las nueve servían las cenas.

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Noche de queimada y meigas

Desde las nueve menos cuarto estábamos ya sentados en el comedor. Vimos que por aquí estaban los peregrinos rusos, los peregrinos alemanes que se perdieron antes, dos jóvenes peregrinas alemanas con las que también coincidimos en algún momento de la etapa, otro peregrino alemán que andaba solo, y alguno más... Muy poquita presencia española. En total, podríamos ser cerca de veinte peregrinos. A las nueve de la noche llegó nuestra cena: una ensalada con pechugas de pollo a la plancha y patatas fritas.

Y a las diez de la noche, la sorpresa de la jornada. Los dos encargados del albergue (hospitaleros) prepararon una queimada para todos los peregrinos...


Qué momento tan entrañable... Todo el mundo grabando la escena con los móviles... La mayoría de peregrinos no sabían de qué iba la cosa, así que a algunos de ellos les explicamos que se trataba de una tradición gallega para ahuyentar las meigas y los malos espíritus a través de un conjuro regado con aguardiente. Y parece que les gustó porque la mayoría repitieron... Sobre todo las rusas, que bebían como cosacas (y nunca mejor dicho)... Da... da... ("sí... sí", en ruso, jajajaja). Ambiente jacobeo al 100%.


Y tras la queimada, los hospitaleros cierran el edificio y se marchan. Nos dejan solos a todos los peregrinos en un albergue perdido en medio del monte. Hubo quien oyó hasta aullidos de lobos. Yo pienso que fueron más bien los efectos secundarios del orujo quemado. Pero, por si acaso, nadie salió al exterior a mirar...

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La etapa de mañana

Y mañana la última de las cuatro etapas nuevas de este Camino pues el resto ya coincidirán con etapas que recorrimos durante el Camino Francés de 2011. Mañana, la etapa más larga de las que nos quedan pues nos esperan casi 28 kilómetros rompepiernas hasta Melide, el pueblo del pulpo donde se unen los caminos Francés y Primitivo. Allí volveremos Juanma y yo exactamente cinco años después, también un 3 de mayo como la vez anterior. Curioso, ¿no?

Pero eso, ya sabéis, os lo contaremos no hoy sino... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Pink Floyd "Echoes")

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1 comentario:

Juan Manuel del Aguila Bonilla dijo...

La etapa se hizo dura en su tramo final, es decir, después de comer.
INOLVIDABLE el momento de la queimada. Se creó un ambiente único e irrepetible del que disfrutamos todos los peregrinos y a buen seguro que recordaremos siempre.