domingo, 26 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 2 (Camino de Salas)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde otra pequeña localidad asturiana, Salas, punto final de la segunda etapa del Camino Primitivo. Atrás han quedado 25 kilómetros de barro, barro y más barro. El tiempo, parecido al de ayer: temperatura algo fresca, sol por momentos, a veces viento e, incluso, un poquito de lluvia casi al final de la etapa.

De nuevo un paisaje verdísimo con multitud de pequeños (y no tan pequeños) animales... Seguimos sin ver apenas un puñado de peregrinos por etapa, casi todos extranjeros. De momento las piernas nos acompañan, aunque los pies han acabado bastante machacados al final de la jornada. Bueno, lo de todos los días, para qué vamos a engañarnos...

A continuación os dejamos el relato de la etapa de hoy...

El día empieza con mal pie...

La noche pasada ha sido bastante ruidosa, como era de presumir, en el hotel de Grado. Os recuerdo que se celebraba un festival de música heavy en el pueblo y que en nuestro hotel había gente alojada relacionada con el evento. Voces, gritos, risotadas, portazos, carreras por las escaleras a altas horas de la madrugada... Esta es la sintonía que nos ha acompañado para conciliar el sueño. Pero, con todo, estos sonidos han sido incapaces de tapar los ronquidos del peregrino Juanma, que, por supuesto, ni se ha enterado de lo que pasaba. ¡Menudo sueño a prueba de bombas que tiene este hombre!

Tras esta ajetreada noche, y con más ojeras que una liebre, nos hemos levantado poco antes de las ocho con la idea de desayunar en la cafetería del hotel a eso de las 8.30 horas. Justo cuando bajábamos a desayunar, me detuve un momento a hacerle una foto a un jarrón con flores del rellano de la escalera y... ¡zas! Se ha bloqueado el visor de la cámara de fotos: ha debido coger humedad ayer y se ha quedado en blanco. Parece que, en principio, las fotos siguen saliendo pero he de hacerlas "a ciegas", sin poder ver lo que estoy fotografíando. Vaya faena. Al menos me queda la cámara del móvil...

Primeros kilómetros, primeras cuestas

Con ese tremendo disgusto iniciamos la etapa a las nueve de la mañana. La jornada de hoy no da tregua. El recorrido se inclina hacia arriba desde los primeros metros. En seguida abandonamos Grado por una ascendente pequeña carretera local que discurre entre prados y caseríos dispersos.

Nuestra primera referencia es el albergue de San Juan de Villapañada, a 5 km de Grado. Pasamos junto a él algo después de las diez de la mañana. A partir de aquí la pendiente se hace mucho más pronunciada. Estamos ante un auténtico cuestón de más de 2 kilómetros que nos llevará al alto del Fresno, donde hay un santuario. Para nuestra desgracia, este santuario está cerrado y no podemos sellar en él las credenciales. Estamos en el kilómetro 7 de la etapa y son las 10.30 horas.



Desde el alto las vistas de la comarca son impresionantes. Y tras el ascenso comienza un fuerte descenso. Al cuarto de hora de comenzar la bajada llegamos a la altura de un pequeño puente muy cercano a la autovía, junto al que hay una fuente. Aquí le hice a Juanma una foto y en este lugar fue la última vez que vio el cuadernillo de viaje que le di en el tren. Nunca más se supo de él. Parece que hoy las fotos traen gafe incorporado...

Barro resbaladizo

Nuestro descenso nos conduce a las pequeñas aldeas de San Marcelo y de La Doriga. Para alcanzar esta última hemos tenido que atravesar un prado lleno de manzanos, con algunos lindos caballos, y caminar muy cerca de un arroyo sobre un terreno embarradísimo y sumamente resbaladizo. Los bordones fueron nuestros mejores aliados para darnos estabilidad. Por aquí vimos incluso alguna peregrina, algo más que noticiable en este Camino. No hubo caídas... por poco.

Llegamos a La Doriga (km 10) a las 11.30 horas. En esta población destaca su iglesia de Santa Eulalia (s. XII) y su palacio (s. XIV). A partir de aquí, tras subir un pequeño repecho, iniciamos —para variar— otro fuerte descenso por una senda angosta más embarrada y resbaladiza si cabe que las anteriores. Pero lo peor nos esperaba abajo...

Un obstáculo inesperado

Pues sí, tras veinte minutos descendiendo por un auténtico camino de cabras, manteniendo la verticalidad a duras penas, sudando la gota gorda y llenándonos de barro hasta los tobillos, cuando ya casi estamos a la altura de la carretera que nos conducirá a Cornellana, nos encontramos con... ¡una valla cerrada que nos impide el paso!

La valla de acceso a una vaquería por donde discurre el Camino estaba completamente cerrada. Tras acordarnos de algún antepasado del que hizo eso, buscamos una forma de acceder a la carretera. No hubo más remedio que desandar algunos metros y saltar la valla lateral que nos separaba de la vía. Imaginaros el numerito, saltando una valla con las mochilas, las botas embarradas, los bordones... Así, de esta guisa tan poco jacobea, accedemos al arcén de la carretera de Cornellana.

El Narcea, Cornellana y el Campanu

Media hora después, a las 12.30 horas, estábamos entrando en Cornellana cruzando el puente sobre el salmonero río Narcea. Poco antes nos habíamos topado con una patrulla de la Guardia Civil y estuvimos a punto de comentarles lo de la valla de antes.

La entrada a Cornellana no la hicimos siguiendo la carretera general sino desviándonos por un parque que sigue paralelo al río hasta alcanzar el espectacular monasterio de San Salvador (s. XI). Una lástima que aún no le haya llegado la restauración que tanto merece.

Notamos muchísimo bullicio de gente esta mañana en Cornellana. Junto al monasterio, en una gran explanada, había un acontecimiento que reunía a cientos de personas. Al principio pensamos que se trataría de alguna subasta de pesca. Luego nos enteramos de que estaban subastando el Campanu del Narcea, o sea, el primer salmón de la temporada pescado en ese río. Un restaurante de Cangas de Onís se lo llevó por el módico precio de 4000 euros. Por cierto, que el nombre de Campanu deriva del hecho de que las iglesias suelen recibir con campanadas la llegada de este primer salmón.

Decidimos que Cornellana, por su tamaño como población y por tratarse del ecuador de la etapa, era el lugar apropiado para hacer un alto en el camino. Un céntrico bar del pueblo fue el elegido para meternos un par de buenos bocatas para el cuerpo y para sellar nuestras credenciales por primera vez hoy.

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A las 13.30 horas retomamos la marcha. Aún quedan 12 kilómetros por delante hasta Salas.

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Tarde de charcos y barro

La reanudación de la marcha fue, cómo no, para subir otra formidable cuesta hasta el alto de Santa Eufemia, desde donde se contempla una bonita vista de la zona de Cornellana. Una vez arriba, vuelta a bajar. Esta vez por la otra falda de la montaña. Más barro pero también más vistas bonitas hasta llegar a la aldea de Llamas, donde una agradecida máquina expendedora de bebidas refrescantes hace que nos detengamos cinco minutos. Son las 14.30 horas y nos quedan 8 kilómetros para Salas.

El tiempo amenaza lluvia desde hace rato pero, de momento, el día aguanta. En Llamas comienza una subida que no concluirá ya hasta el final de etapa. El recorrido sigue pistas más o menos asfaltadas y sendas campestres que atraviesan pequeñas aldeas como Quintana y Casazorrina, donde vemos casas con parcelas ajardinadas y animalitos deambulando por ellas: gallinas, ovejas... También seguimos sin perder de vista el barro y nos encontramos con algún que otro charco de proporciones intimidatorias. Y mis botas, con más vías de agua que el Titanic. Las pobres ya llevan, con este, 8 Caminos a cuestas.

Atravesando la aldea de Casazorrina —¡vaya nombre!—, a la que se accede cruzando un pequeño puente de piedra sobre el río Nonaya, se pone a llover por primera vez. Fueron solo cinco minutos pero bastaron para que tuviéramos que ponernos los ponchos. Como el día estaba gris, ya no nos los quitamos hasta Salas.

Llegada a Salas

A Salas llegamos con los ponchos puestos, pero sin lluvia, a las 5 de la tarde, tal y como atestiguaron las campanadas de la iglesia de la plaza del Ayuntamiento. Nuestro hotel se halla justo detrás de la iglesia. El pueblo es pequeño pero muy coqueto y en él destaca, sin duda, el palacio de Valdés-Salas, en el mismo centro, con su torre almenada y su arco medieval. La villa de Salas está declarada Bien de Interés Cultural.



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Como de costumbre, hemos acabado la etapa rendidos. Tanto barro, tanto subir y bajar cuestas resulta agotador y también desmoralizador. En el hotel hemos sellado de nuevo nuestras credenciales para, después, disfrutar de un merecido descanso reparador de tres horas.


A las 20.30 horas salimos a dar una vuelta por la plaza de la iglesia donde detectamos la presencia de un bar que parecía animado. Nos tomamos en él unas refrescantes cervecitas y cenamos unos platos combinados mientras presenciábamos un Celta-Real Madrid liguero. Se adelantó el Celta pero su mejor juego y calidad no tuvieron recompensa ante un más que afortunado Madrid que ganó 2-4. Por supuesto, creo que Juanma tiene otra opinión de este partido... juajuajuas.


La etapa de mañana

Como se puede ver en la foto de la derecha, a las diez de la noche estábamos en plena preparación de la etapa de mañana, de Salas a Tineo, 20 km.

A las 11 de la noche, justo al finalizar el partido, tocó retirarse a nuestros aposentos. Juanma ya lleva roncando un rato por ahí. Yo estoy a punto de meterme en el sobre. Para mañana nos tememos que seguirán las cuestas y el barro y, probablemente, habrá que añadir la lluvia. A ver qué tal se nos da. Pero eso... os lo contaremos ¡mañana!

¡Buen Camino!



Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Gerry Rafferty "The royal mile")

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1 comentario:

Juan Manuel del Aguila Bonilla dijo...

Lo de la valla cortando el camino fue realmente indignante. Sin embargo la subasta del "campanu" resulta muy curiosa. El pueblo de Salas, final de la etapa de hoy merece una visita turística.