miércoles, 1 de mayo de 2013

CS2013 — Etapa 5 (Camino de Caldas de Reis)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde el hotel de la localidad balneario de Caldas de Reis, conocida por sus termas romanas. El Camino nos ha traído aquí tras casi 23 kilómetros de caminata. El de hoy ha parecido más bien una especie de camino ferroviario porque las vías del tren nos han acompañado durante buena parte de la etapa.

Y, por cierto, lo que también acompaña es el tiempo: no nos ha caído ni una sola gota de agua hasta ahora en todo el Camino y parece que las previsiones para lo que falta indican que la cosa continuará igual. No pueden decir lo mismo en otras partes de España, que están de temporal en temporal.

La jornada de hoy ha transcurrido así...

Salida de Pontevedra

El día se ha despertado nublado pero no parece que vaya a llover. Nos levantamos, remolones como siempre, algo antes de las ocho, desayunamos a las nueve menos cuarto y a las nueve y media ya estamos en marcha por las calles de Pontevedra. De momento no hay parte de lesiones, el botiquín apenas se ha utilizado y únicamente Juanma parece tener algún problema con una molesta ampolla en un pie.

Enseguida tomamos la dirección del puente de Burgo, sobre la desembocadura del río Lérez en la ría de Pontevedra, que nos despide de la ciudad.

Los primeros kilómetros de hoy

Las pistas asfaltadas y las sendas entre viñedos nos van llevando a un entorno cada vez más rural mientras Pontevedra se va perdiendo de vista atrás. A las diez y media alcanzamos la aldea de Alba, primera referencia de la jornada, a solo 5 kilómetros de Pontevedra.

En esta población destaca el santuario de Santa María de Alba, donde en un banco vemos sentado al escritor gallego Castelao, petrificado observando el paso del tiempo. Toñín se sienta con él para hacerle compañía.

Los siguientes kilómetros discurren por caminos muy agradables que atraviesan bosques junto a las vías del tren. De lo más bonito que hemos recorrido en el Camino de este año.



Descanso y sello en San Amaro

El plácido paseo que está siendo la etapa de hoy nos lleva hasta la localidad de San Amaro de Portela a las doce menos cuarto, tras culminar un pequeño tramo de subida. Ya estamos en el ecuador de la etapa.

Justo a la entrada del pueblo hay dos bares y los encargados de cada uno de ellos intentan captar a los muchos peregrinos que por allí pasamos, ya que se trata del único sitio intermedio en toda la etapa donde poder tomarse algo. ¡Menuda competencia feroz! Uno de esos encargados intentó seducirnos hacia su establecimiento a la vez que nos informaba de cómo obtener el sello de la ermita del pueblo, que estaba cerrada.

Acabamos traicionándole porque, al final, tras conseguir el sello donde nos dijo, terminamos por entrar en el otro bar, A Pousada do Peregrino, donde nos despachamos unos suculentos bocatas. A las once y media reanudamos la marcha porque aún nos quedaban casi doce kilómetros hasta Caldas.


Un paseo por el campo

La segunda mitad de la etapa discurrió por pequeñas pistas asfaltadas entre tierras de cultivo y de monte bajo. De vez en cuando un cruceiro o algún simpático animalillo ponían su nota de color.

Si no fuera porque íbamos con la hora pegada al culo y porque los kilómetros empezaban a pesar en los pies, este tramo podría definirse como de plácido paseo.

El recorrido era un continuo zigzagueo por pistas y sendas, con presencia de algún que otro peregrino. En los últimos kilómetros nos seguían a distancia un par de peregrinas con apariencia extranjera y ya más entraditas en años que nosotros.

Quince minutos antes de las tres de la tarde pasamos por uno de los poquísimos núcleos habitados de este largo tramo: la aldea de Tivo. Nos quedan ya menos de dos kilómetros para acabar una etapa que se nos está haciendo algo larga en estos últimos kilómetros.




Llegada a Caldas

Por fin, a las tres y diez de la tarde, la iglesia de Santa María de Caldas nos da la bienvenida a la ciudad. Como es tan tarde pensamos que lo mejor es comer primero e ir al hotel después.

Elegimos para comer una terraza que hay en la orilla del río Umia, frente al balneario, junto al puente. De nuevo nuestra larga espera por las raciones fue cubierta practicando nuestras aficiones escultóricas con las jarras de cerveza. En este bar también nos sellaron la credencial. Y curiosamente, pese a encontrarnos a menos de 20 km de Padrón (destino de la etapa de mañana), nos dijeron que no tenían pimientos de Padrón porque estábamos fuera de temporada.


Después de la comida, a las cinco de la tarde, dedicamos media hora a recorrer algunas de las partes más significativas de la villa: la fuente de las burgas y la iglesia de Santo Tomé (dedicada a Santo Tomás de Canterbury), donde nos sellaron nuevamente la credencial y en cuyo interior había una bonita imagen, de color azul, de la Virgen argentina de Luján.



Finalmente, a las cinco y media de la tarde, nos marchamos a nuestro hotel, de corte moderno, que se halla a diez minutos del centro, en la salida de la ciudad hacia Padrón.


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El paseo de la tarde-noche

Tras acomodarnos debidamente en nuestra habitación, triple —como siempre—, a las ocho y media bajamos para dar un paseo y empalmarlo con la cena. Visitamos el pequeño puente romano sobre el río Bermaña, que desemboca en el Umia dentro de la villa, y luego nos acercamos a un mesón para cenar.

El mesón elegido no fue fruto del azar. De mis anteriores visitas a esta villa conocía el mesón O Muiño (El Molino), un molino de agua situado en el mismo cauce del río Umia, bajo el puente junto al que habíamos comido unas horas antes. Es habitual que este local se inunde en épocas de crecida.

Este mesón es una pasada. Desde ahí divisas el puente y, detrás, el balneario. El lugar es una taberna típica, muy rústica, donde pueden degustarse los productos de la zona. En nuestro caso cayeron unos pinchos morunos mientras veíamos la hecatombe en Champions del Barça contra el Bayern de Munich. Acabó perdiendo 0-3 en casa que sumados al 4-0 adverso que se trajo de Alemania totalizan un resultado acumulado de 7-0. ¡Menudo varapalo para los culés!

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La jornada la acabamos, unos cuantos metros aguas abajo, con cena y pelotazos en el mismo bar donde habíamos comido. Toñín se encargó de amenizar la velada con unos juegos muy divertidos que tenía en el móvil y que no puedo reproducir en este blog por motivos obvios. Quien quiera saber más al respecto, que le pregunte a él...

Y de ahí al hotel. A las once y media de la noche, que ya van siendo horas de recogerse para unos peregrinos...


La etapa de mañana

Mañana, penúltima etapa del Camino. Qué pena que esto se acaba... El destino, Padrón, a 18 kilómetros de aquí. El perfil, más bien ondulado. Padrón tiene su encanto y, además, nos alojaremos en una casa señorial convertida en un pequeño y coqueto hostal rural. Pero, como siempre, eso os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Lene Lovich "Bird song")

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