domingo, 6 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 7 (Camino de Puente la Reina de Navarra)



¡Hola peregrin@s! Hoy os escribimos ya desde Madrid, adonde hemos llegado a primera hora de la tarde de hoy. Ayer recorrimos la última etapa del Camino Aragonés, la más larga, treinta y un kilómetros entre los pueblos navarros de Monreal y Puente la Reina con predominio de terreno llano y tiempo muy variable: vamos, quita y pon de ponchos... Ya sabéis... Me lo quito... Me lo pongo... Me lo vuelvo a quitar... Atrás han quedado 162 km recorridos en siete etapas entre Somport y Puente la Reina.

El relato de la última etapa comienza con los preparativos habituales de cada mañana: Juanma y yo nos levantamos algo antes de las ocho... aseo... mejunjes para los pies... mejunjes para los brazos... Nos acordamos de lo bien que se dormía esta noche en estas camas tan blanditas... En fin, a las nueve menos cuarto más o menos nos reunimos en el comedor de la casa rural con Toñín, Laura y el peque para degustar un suculento desayuno casero a base de tostadas (horneadas en horno de leña) con mermelada, café y zumo. Y, además, compartiendo la única mesa que hay en el comedor con las dos peregrinas alemanas que no hablan ni papa de español y que solo se han tomado un vaso de leche... Así no llegarán muy lejos...

Comienza una última etapa plagada de pueblecitos intermedios

A las nueve y media de la mañana nos disponemos a recorrer la última etapa del Camino 2012. Laura y José A. se montan en el coche para irse hacia Puente la Reina: el dueño de la casa rural les ha orientado sobre la ruta a seguir porque no es tan fácil como en las etapas anteriores y hay que combinar varias carreteras.

Los tres peregrinos arrancamos de inmediato desde Monreal. Como en los últimos días, Juanma y Toñín lo hacen sin mochila porque todavía siguen con sus lesiones y con sus males... Estos, que no aguantan nada...

La etapa de hoy está plagada de pueblecitos intermedios, la mayoría de ellos prácticamente sin servicios. La mañana es agradable: aunque no llueve, el cielo está muy nublado y la temperatura es suave.

Los primeros kilómetros de la etapa son completamente llanos y discurren por una senda que atraviesa campo y tierras de labor. Atrás queda la silueta de Monreal, caracterizada por La Higa, que es la montaña junto a la que se asienta el pueblo.

Tras cruzar una pequeña zona de monte, en seguida divisamos el primer pueblo intermedio de hoy: Yárnoz, del que sobresalen su torre medieval del siglo XIV y su iglesia del siglo XVI. Y dos kilómetros más adelante, otro pueblecito, Otano.

Cuatro kilómetros después, a las doce y media de la mañana, atravesamos una zona más boscosa y llegamos a un nuevo pueblo, Gerendiain. Aquí el entorno es especialmente bonito, muy verde, con algún monumento que nos recuerda que estamos en la sierra de Alaiz. Este pueblo cuenta con una iglesia medieval, la de San Juan Bautista, y cerca de ella una fuente donde aprovechamos para remojar los gaznates.


Un alto en el camino para comer

El siguiente pueblo de la etapa, Tiebas, es el elegido para almorzar. Los cuatro kilómetros que lo separan del pueblo anterior discurren por una pista de tierra totalmente llana. El paisaje se abre por momentos y podemos divisar a lo lejos el Alto del Perdón, por donde pasamos el primer año al hacer el Camino Francés. Alguna que otra gota de lluvia y el estruendo de algún trueno nos animó a ponernos los ponchos, por si acaso, cuando teníamos Tiebas a la vista. A la una y media hacemos entrada en la villa.

Se nota que este pueblo ya tiene más entidad que los anteriores; cuenta, además, con los restos de un castillo a las afueras y con una iglesia del siglo XIII (Santa Eufemia). Entramos en el pueblo pasando precisamente al lado de esta iglesia.

Este pueblo cuenta con albergue de peregrinos, así que aprovechamos para poner el primer sello de hoy en las credenciales. En una cafetería de aspecto moderno nos comemos unos bocatas aderezados con unas cremitas de orujo. Y por cierto, nuevamente coincidimos con las dos peregrinas alemanas de Monreal que están almorzando en una mesa cercana a la nuestra. Nos reconocen y las saludamos caballerosamente...

Como viene siendo habitual en el Camino de este año, en esta etapa debemos elegir también entre dos rutas. Pero en esta ocasión, y tras tener en cuenta el consejo del hospitalero del albergue, decidimos variar nuestra intención inicial. Para ir hacia el siguiente pueblo importante de hoy, Enériz, tomaremos la ruta que va por Muruarte, Olcoz y Añorbe en lugar de la prevista por Campanas, Biurrún y Ucar (esta última más pegada a la carretera). En el mapa de situación de arriba pueden verse ambos trazados.

Y de postre, una buena granizada

A las dos y media de la tarde, cinco minutos después que las alemanas, reanudamos la marcha. El cielo se está poniendo de un gris amenazador y cada vez sentimos los truenos más fuerte. Se acerca una buena tormenta.

A las tres de la tarde, justo un ratito después de adelantar a las peregrinas, a la altura de un nudo de carreteras, se dispara el gran chaparrón. Primero un fuerte aguacero seguido de una espectacular granizada. Nos da tiempo a refugiarnos debajo del puente de la autopista. Las peregrinas alemanas hacen lo propio debajo de otro puente del nudo de carreteras, cien metros más atrás que nosotros. Aquí las perdimos de vista definitivamente.

Tras la granizada salió el sol y reanudamos el camino hacia el ya cercano pueblo de Muruarte de Reta donde hicimos un descanso en un parque para quitarnos los ponchos, porque parecía que el día se despejaba.


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El Camino hacia Enériz

Las dos horas siguientes discurrieron por sendas, caminos, veredas y desmontes rodeando los pequeños pueblos de Olcoz —con una interesante torre— y Añorbe —donde destaca su parroquia de La Asunción— hasta llegar a la población de Enériz a las cinco de la tarde. Quedan solo diez kilómetros para el final de etapa y del Camino.

Parecía asentarse el tiempo soleado e, incluso, el calor comenzaba a apretar por momentos. Así que nos dirigimos al bar del pueblo para hacer un pequeño descanso y tomarnos unos refrescos. Aprovechamos para departir un rato con el dueño hablando de cosas del Camino y de otras más futboleras, como por ejemplo, los apuros del Osasuna este año para mantener la categoría.

Saldada nuestra deuda con Eunate

Reanudada la marcha por un apacible sendero en ligero descenso, a las seis de la tarde llegamos a uno de los lugares más emblemáticos de todo el Camino: la iglesia de Santa María de Eunate, una verdadera preciosidad por su construcción y localización.



Se halla en un sitio completamente aislado, habilitado como zona de esparcimiento, y desde luego, vale la pena visitarla. Además tuvimos la suerte de encontrarla abierta de modo que pudimos verla por dentro. Cuenta con un albergue anexo, donde sellamos nuestras credenciales.

En nuestro primer año de peregrinos pasamos muy cerca de aquí, a dos kilómetros, vimos la señalización pero no pudimos visitarla porque ello implicaba desviarnos demasiado de nuestra ruta (y entonces no contábamos con coche de apoyo).

Así que, con nuestra visita en este Camino hemos saldado una deuda pendiente con esta preciosa iglesia. A las seis y media reanudamos la marcha.


Nos unimos al Camino Francés con más granizadas

Es salir de Eunate y de nuevo el cielo comienza a oscurecerse. Escuchamos truenos nuevamente y... ¡a ponerse los ponchos, que otra vez toca! A las siete de la tarde entramos en el pueblo de Óbanos, lugar donde se unen los Caminos Francés y Aragonés. Puede decirse que aquí, más que en Puente la Reina, acaba el Camino Aragonés.

Inevitablemente este lugar nos recuerda nuestros pasos cinco años atrás por esta misma población. La iglesia, la plaza, la cruz y el arco medieval que hay en la plaza... Se nota ya mucha mayor presencia de peregrinos desde que pisamos Eunate.

Entre tanta contemplación y morriña, el cielo se sumó a la fiesta y nos despidió del Camino con dos nuevas granizadas, ambas en Óbanos, de las que pudimos refugiarnos a duras penas debajo de un tejado.

Final del Camino en Puente la Reina

Los dos últimos kilómetros de Óbanos a Puente la Reina discurrieron por el arcén de la carretera bajo una fina lluvia de modo que este Camino lo hemos terminado con el poncho puesto, como ya nos ocurriera con el Camino Francés. Hemos llegado al hotel a las ocho de la tarde y en la misma puerta nos estaban esperando Laura y el pequeñín.

El sello de Puente la Reina lo hemos puesto donde la vez anterior, en el albergue de peregrinos que hay justo a la entrada del pueblo. Nuestro hotel también fue el de la otra vez que estuvimos aquí. ¿Y podéis creeros que, como la vez anterior, también querían que Juanma y yo compartiésemos una cama de matrimonio? Menos mal que la presión de Laura fructificó y consiguió que nos dieran una habitación doble para los dos. Por cierto, que en este hotel todavía deben de recordar los ronquidos de Serrucho Man de hace cinco años, jejeje. Algún lugareño piensa que es una leyenda urbana pero yo sé que no lo es, jejeje...

Como el tiempo no estaba para muchas alegrías, apenas si hemos salido del hotel. Tras asearnos debidamente, hemos pasado al comedor para cenar.

En el hotel se nota un ambiente jacobeo mucho mayor que en ninguno de los sitios donde hemos estado esta semana. Tras la cena, una sucesión interminable de pelotazos ha puesto el digno colofón a nuestra aventura navarro-aragonesa. Con brindis incluidos.

Regreso a Madrid

Como suele ocurrir, el buen tiempo llega cuando uno se tiene que marchar. Nuestro regreso a Madrid se ha producido en la mañana de hoy, bajo un cielo azul y un sol radiante, en el coche de apoyo. Un poco apretaditos conmigo al volante, Toñín a mi lado, y Juanma, Laura y el pequeñín José Antonio en los asientos traseros... Así hemos vuelto los... ¿cinco? Bueno, en realidad los seis, porque Laura viene con otro peque: Alejandrito. ¿Será también peregrino algún día?

¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de The Turtles "Happy together")

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