jueves, 3 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 5 (Camino de Sangüesa)



¡Hola peregrin@s! Hoy hemos recorrido la primera de las tres largas etapas que pondrán fin al CS2012. Desde esta tarde ya estamos en Sangüesa (Zangoza en vascuence), en Navarra, adonde hemos llegado con los brazos medio quemados por el sol tras sufrir no pocas penalidades a lo largo de la jornada de hoy. Antes de acostarnos vamos a echarnos unas cremitas en los brazos (y no precisamente de orujo)... La noche puede ser larga.

¿Y la jornada de hoy? Pues como de costumbre, pasadas las ocho y media de la mañana, hemos quedado en el pequeño hall de nuestro hotel para desayunar. El ritual de impregnarnos los mejunjes ha sido más largo de lo habitual: Juanma ya tiene alguna ampolla en los pies y hoy no llevará mochila. Toñín, que sigue con sus molestias en la rodilla, tampoco la llevará.

Antes de que Laura nos acerque con el coche hasta Artieda para iniciar la etapa, nos hemos avituallado con unos bocadillos para el camino en un bar cercano. Ha sido Toñín quien ha ido a recogerlos mientras el resto de la expedición preparábamos el coche. Nuestro hotel está justo al final del puente metálico que cruza el río Aragón y nos separa del casco viejo del pueblo.

Inicio de etapa en Artieda

Tras media hora de trayecto en coche, pasadas las diez y media, ya estamos junto al albergue de Artieda listos para iniciar la etapa. Laura regresa en el coche con José Antonio hasta Sangüesa. Una vez solos, lo primero que hacemos los tres peregrinos es sellar nuestra credencial en el albergue de peregrinos de Artieda, que ayer estaba cerrado. Y desde lo alto del pueblo iniciamos la bajada que marca el inicio del recorrido de hoy.

A la salida del pueblo proseguimos con un suave y agradable descenso por el asfalto de la carretera hasta las proximidades del embalse de Yesa. En esta etapa recorreremos longitudinalmente una de sus riberas.

El asfalto deja paso pronto a una serie de senderos y veredas que discurren entre árboles y arbustos. Y entre ellos se intuyen, más que verse, las cercanas aguas del pantano. De vez en cuando se abre algún claro entre la vegetación en forma de bonitas praderas repletas de flores amarillas.

El pueblo fantasmagórico de Ruesta

Es casi la una de la tarde y a lo lejos vislumbramos la silueta de la fortaleza amurallada del fantasmagórico pueblo de Ruesta, primera referencia de la jornada de hoy. Solo tiene un habitante: la hospitalera del albergue de peregrinos.

Ruesta es un pueblo que fue abandonado en 1959 a causa de la construcción del embalse de Yesa, como muchos otros pueblos de la zona. Actualmente se encuentra en estado de ruina pero aquí hay una especie de atmósfera de misterio que impone.

Lo más destacable es su fortaleza, de la época de la dominación musulmana en la Península y abandonada por los árabes en el siglo X. Jugó un papel importante en la Edad Media en la defensa de la Canal de Berdún. También destacan en el pueblo los restos de la iglesia, con un pórtico del siglo XVI.


El pueblo tiene un albergue de peregrinos mantenido por una hospitalera extranjera que, a nuestra llegada, estaba almorzando con otra peregrina. Aprovechamos nuestro paso por el albergue para sellar nuestras credenciales y tomarnos unos refrescos, ya que el calor aprieta un poco y la insolación es notable. Toñín lleva manga larga pero Juanma y yo, con manga corta, nos estamos torrando los brazos.

Parece mentira: empezamos el Camino hace unos días con nieve y frío y hoy estamos aquí quejándonos del sol y del calor. Así de dura es la vida del peregrino...

Abandonamos Ruesta con un empinado descenso hacia una zona de camping y recreo. Y a partir de aquí...

Una cuesta que vale por diez


Son las dos de la tarde. El calor aprieta cada vez más. Entramos en una zona de pistas forestales que serpentean entre los pinos. El perfil de la etapa se va inclinando, inclinando e inclinando cada vez más. ¡Menuda cuesta!

Lo que parece que van a ser solo unas cuantas rampas se termina convirtiendo en una de las peores cuestas que recordamos de todo el Camino de Santiago. Creo que solo la de Roncesvalles es peor que esta. Por el camino adelantamos a tres peregrinos que, en un principio, pensábamos que eran cubanos o venezolanos y que, al final, resultaron ser canarios. Dos de ellos iban literalmente con la lengua fuera y parando cada dos por tres para tomar aliento.

A lo lejos, cada vez más abajo, vemos el embalse de Yesa. E incluso podemos apreciar en la otra orilla del embalse el monasterio de Leyre, en Navarra (imágenes de la derecha del conjunto de tres fotos de arriba).

Un descansito en Undués

Por fin, casi a las cuatro de la tarde llegamos a una pequeña explanada donde termina la maldita cuesta. Nos alejamos del embalse hasta perderlo completamente de vista. En seguida asoma la imagen del siguiente pueblo, Undués de Lerda. Pero para llegar hasta él aún hay que realizar un recorrido de media hora en forma de V: primero un fuerte descenso y luego otra subidita.

Así que pensamos que es un buen momento para comernos los bocatas frente a la vista de Undués. Nos sentamos a un lado del camino, cerca de un redil con unas ovejas que no nos pierden de vista. Al cabo de un rato, mientras comíamos, nos adelantan los peregrinos canarios y, al cabo de otro rato más grande, podemos divisar desde donde estamos como esos peregrinos llegan a Undués.

La comida fue muy distendida y nos echamos unas risas comentando cosas como la forma de los bocatas (el mío parecía una p...) o los castigados pies de Juanma. Por cierto, que los bocadillos eran tan grandes que nos sobró casi la mitad para... ¿mañana?

A las cuatro y diez reanudamos la marcha y, tras una fuerte bajada y otra más que penosa subida posterior, entramos en Undués veinte minutos después (vaya rima más chula que me ha salido, ¡eh!). Desde este pueblo aún quedan diez kilómetros de descenso hasta Sangüesa.

En Undués fuimos directos al albergue donde sellamos, comimos y bebimos algo, y aún hubo tiempo de atender una de esas imperiosas necesidades propias del peregrino. Creo que aún se acuerdan de alguno que yo me sé en ese albergue.

Undués es un pueblo coqueto con casas de piedra donde destaca su iglesia del siglo XVI. Durante la media hora de atención de necesidades de que hablaba antes hubo un par de peregrinos que tuvieron tiempo de apreciar las bondades del pueblo.


Fin de etapa en Sangüesa

Pasadas las cinco de la tarde reanudamos el camino hacia Sangüesa. La primera parte de este último tramo es de brusco descenso hasta unas amplias zonas agrícolas. A lo lejos hemos podido contemplar el castillo de Javier, por donde pasaríamos si ayer hubiésemos tomado la ruta alternativa que iba por la orilla opuesta del embalse de Yesa.

El terreno se allana y discurre por pistas de concentración agrícola. Casi sin darnos cuenta cruzamos el límite autonómico y entramos en la Comunidad Foral de Navarra.


Una amplia pista de concentración nos introduce en Sangüesa adonde llegamos, con más pena que gloria, a las siete y pico de la tarde. Lo primero que hacemos Juanma y yo es dirigirnos a una farmacia para comprar crema de protección solar y loción hidratante para la piel. Llevamos los brazos hechos polvo por el sol.

Laura nos esperaba con el peque en una calle céntrica. Antes de ir al hotel aún dedicamos casi una hora a pasear por este bonito y animado pueblo que está plagado de monumentos. Sobre todos ellos destaca la iglesia románica de Santa María la Real con una espectacular representación del Juicio Final en el retablo de piedra de su portada. Aquí pusimos el cuarto sello de la jornada.

A las ocho de la tarde nos recogemos y regresamos a nuestro hotel para concedernos un mínimo descanso. Nuestras habitaciones están en un segundo piso sin ascensor. En las habitaciones hay un molestísimo escalón interior que ya ha provocado más de un tropezón y las consiguientes carcajadas. Y es que ya no estamos para muchos trotes.

Una vez duchados y, en el caso de Juanma y mío, untados de crema hidratante en los brazos, salimos a cenar. Finalmente elegimos la misma cafetería de ayer, donde se come verdaderamente bien. Nos la recomendó el dueño de nuestro hotel. Los postres, buenísimos. Y los pelotazos de después —hoy mejor ganados que nunca— suculentos.

Al salir ya es de noche, está lloviendo y José A. está obsesionado con ver la Luna, motivo por el que se nos escapó más de una vez correteando por la calle. Hay que ver el trabajo que le da continuamente a sus papás y, muy especialmente a Laura, que lleva todo este viaje pendiente de él. Creo que va a acabar aburridísima (si no lo está ya) de este Camino, con tantas y tantas horas de espera en los lugares de destino... Se merece un 10...

Regresamos al hotel más tarde que otras veces, a las once y media de la noche. A descansar, que nos lo hemos ganado. No os he hablado mucho en este Camino de Serrucho Man, aquí a mi lado, pero es que este año parece que se ha moderado un poco con su instrumento. Espero que hoy no dé guerra...



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Mañana 30 kilómetros hasta Monreal

Pues hasta aquí el relato de la jornada de hoy. Mañana, penúltima etapa hasta el pueblo navarro de Monreal, con 30 km y muchos pueblecitos intermedios. A ver cómo se nos da el día porque hay un tramo confuso que parece no estar muy bien señalizado. Y aunque no podemos quejarnos con los alojamientos que estamos teniendo este año, el de mañana promete especialmente ya que se trata de una casa rural que tiene muy buena pinta. A ver en qué condiciones llegamos. Mañana os lo cuento. ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Popol Vuh "BSO Nosferatu — On the way")

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