martes, 3 de mayo de 2011

CS2011 — Etapa 4 (Camino de Melide)




¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde la localidad coruñesa de Melide (o Mellid, si os gusta más que os lo ponga en castellano). Ya estamos en la última provincia que recorre el Camino de Santiago Francés. La de hoy ha sido una etapa tranquilita, sin excesivos desniveles, con solo quince kilómetros, de manera que por fin hemos podido comer todos juntos sin los contratiempos de días anteriores... Nos hemos metido un pulpo de aúpa para el cuerpo. Por la tarde, hoy hemos sido más turistas que peregrinos. Y para que al día no le faltase de nada, la jornada ha culminado con un Barça-Madrid y la gente tirando cohetes por la calle. Bueno, ahí va el relato de la etapa y pos-etapa de hoy...


Empieza la etapa

A la hora habitual, o sea, veinte minutos más tarde de la hora a la que, en principio, habíamos quedado, nos vemos en la cafetería de nuestro hotel para desayunar. El día vuelve a presentarse sin lluvia aunque está húmedo y con algo de bruma. De momento, sigue sin haber parte de heridos o lisiados tras los primeros días de caminata.

Enseguida cruzamos Palas de Rei y sus aldeas aledañas siguiendo pistas y caminos próximos a la carretera. En estos primeros kilómetros el paisaje está salpicado con los típicos hórreos gallegos y no podemos resistir la tentación de fotografiarnos junto a uno de ellos.

Y de nuevo el Camino nos introduce en la espesura del bosque... El verdor del paisaje se funde con una fuerte sensación de humedad. Tampoco faltan las corredoiras de las que os hemos hablado alguna vez... Estamos en el típico bosque atlántico gallego.



Abandonamos la provincia de Lugo...


Casi sin enterarnos estamos a punto de abandonar la provincia de Lugo, que lleva siendo nuestra anfitriona desde que llegamos a Cebreiro, hace ya unas cuantas etapas.

Pero antes de despedirnos de esta hermosa provincia, a las diez y media de la mañana llegamos a Casanova, la primera población, o más bien aldea, de cierta importancia de la etapa de hoy. Nos recibe con un hermoso cruceiro y, tras él, al fondo, podemos divisar la iglesia. A la salida del pueblo está el albergue donde, a pesar de encontrarse cerrado, hemos podido sellar nuestra credencial porque dejaron el sello colgado de la puerta para uso de los peregrinos de paso.

Los últimos kilómetros lucenses del Camino son, para no perder las buenas costumbres, de tránsito por un espeso y frondoso bosque cruzado por riachuelos y corredoiras. Uno de estos riachuelos, el río Porto, marca el límite con la provincia de La Coruña, la última del Camino.


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...Y entramos en la provincia de La Coruña...


Un mojón junto al camino nos advierte de que ya estamos en la provincia de La Coruña. Es casi la una de la tarde. Y, en seguida, la primera población coruñesa: Leboreiro. A la entrada de la misma hay una pequeña área de descanso, La Casa de los Somoza, donde aprovechamos para esparcirnos un rato. Tiene bar, jardín (con espantapájaros incluido) y sello para nuestras credenciales. Solo nos faltan seis kilómetros para acabar la etapa de hoy.

El pueblo de Leboreiro se halla unos pocos metros más adelante. Se accede a él pisando una antigua calzada romana. En esta villa destaca su bonito cruceiro y la iglesia de Santa María, que encontramos ya cerrada. También vimos unas extrañas construcciones en forma de pequeñas chozas u hórreos primitivos (se llaman cabazos) que se utilizan para almacenar, sobre todo, el maíz.

Salimos del pueblo cruzando el río Seco por un pequeño puente de piedra de un solo ojo. Bueno, en realidad lo cruzaron los demás peregrinos porque yo atravesé el río andando, estilo John Wayne pero sin caballo, buscando el mejor ángulo posible para tomar fotos... Y tras el puente nos topamos con un grupo de lindas ovejitas y corderitos que pastaban inocentemente bajo las atentas miradas de todos los peregrinos que pasábamos por allí. A partir de este lugar, el paisaje se abre y ya no perderemos de vista la carretera hasta Melide.


Furelos y fin de etapa en Melide


Desde Leboreiro hasta el siguiente pueblo, Furelos, hay cuatro kilómetros que en su mayor parte transcurren por un andadero próximo a la carretera. En un momento dado se pasa junto a un polígono industrial donde se encuentra un parque dedicado a los peregrinos, con numerosas placas con los nombres de los miembros de los Caballeros de la Orden de Santiago.

Desde la zona del polígono industrial se desciende por una arbolada senda hasta el río Furelos, con su bonito puente medieval de piedra, de cuatro ojos, que nos da la bienvenida al pueblo de Furelos, donde notamos una mayor presencia de peregrinos. En la parroquia de San Juan sellamos nuestras credenciales.

Tras un suave ascenso, tan solo kilómetro y medio después, a las dos y cuarto de la tarde, llegamos a nuestro hotel de Melide, situado junto a la carretera, en la entrada del pueblo.


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Y ahora... ¡a por el pulpo!

Mientras el resto de peregrinos coge las habitaciones (una triple para Juanma, Isidro y yo, y dos dobles para el resto de la expedición), Toñín y yo nos montamos en mi coche y regresamos a Palas de Rei para recoger a la abuela y al peque. Hemos quedado con los otros tres peregrinos en Melide, en Casa Ezequiel, una de las pulperías más famosas de Galicia. Justo frente a la pulpería está la bonita puerta románica de San Roque, que da acceso a la capilla del mismo nombre.

A las tres menos diez de la tarde ya estamos todos reagrupados y entramos en la pulpería. Se parece a las típicas sidrerías que se ven por el norte de España, con grandes bancos y mesas de madera. Y pensar que esta pulpería, según vimos en fotos de época, empezó siendo un pequeño quiosco donde se cocía pulpo... Unas buenas raciones de pulpo acompañadas con generosos caldos de la tierra pusieron la guinda final a tan espléndida sobremesa.


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Tarde de turismo monumental...


Durante la comida en la pulpería aprovechamos para planificar la tarde. Toñín y yo le contamos al resto del grupo las excelencias de la iglesia de Vilar de Donas que vimos ayer por la tarde cuando regresábamos de hacer el relevo de coches en Eireche. Así que le sugerimos al resto que, dado que teníamos toda la tarde por delante, podíamos aprovechar para visitar la iglesia de Vilar de Donas y también el castillo de Pambre, ambos en las proximidades de Palas de Rei.

Así que, prácticamente nada más acabar de comer, subimos en los coches y nos dirigimos a la iglesia monasterial de Vilar de Donas, que es Monumento Nacional. En esta ocasión sí pudimos entrar, pues llegamos antes de las seis de la tarde, y nos advirtieron que si queríamos visitar el castillo, pues teníamos que estar allí antes de las seis de la tarde ya que a esa hora lo cerraban. Esta iglesia, del siglo XIII, es de estilo románico con influencias cistercienses y góticas. En su interior hay enterramientos del siglo XII. Y también hay un sello muy bonito para poner en nuestras credenciales.

Tras la visita de la iglesia... pitando para el castillo. Llegamos a las seis menos cinco pero nos dejaron, como cortesía, quedarnos hasta las seis y diez. La zona de los alrededores del castillo es preciosa, muy verde, en el valle del río Pambre, que es uno de los riachuelos que hemos cruzado a lo largo de la etapa de hoy. Además, según se ve a lo lejos, el castillo se da un cierto aire a algún castillo de la Transilvania vampiresca...

Tras las visitas turísticas, Toñín y yo nos dirigimos con los coches de apoyo a la cercana Arzúa, a 14 km, final de la etapa de mañana. El cambio lo hicimos rápido, porque no hay más que seguir la carretera. Por cierto, que Arzúa está en obras, justo en la zona donde tenemos el hotel, de modo que ya hemos llamado para intentar que nos pongan habitaciones que no den a las obras.



...Y noche de fútbol pasional

Y por fin el momento futbolero del día. Esta tarde-noche se juega en el Camp Nou el partido de vuelta de la Champions entre el Barça y el Madrid. En la ida, el Barça ganó dos a cero en un partido superpolémico jugado en el Bernabéu. Quizás porque se imaginan que la cosa les puede resultar un poco tostón, Laura, Tori y el pequeñín se desentienden de tan futbolero acontecimiento y deciden quedarse en el hotel de Melide.

Pero los otros cuatro peregrinos, a saber, Juanma, Isidro, Toñín y Miguel, buscan, y encuentran, un buen lugar donde presenciar el match, en compañía de unas buenas cervezas y de lo que se ofrezca. El resultado, ya lo sabéis, empate a uno y el Madrid eliminado, pero pasamos una buena tarde. Juanma e Isidro, merengues ellos, sufriendo más con el partido, protestando y reclamando en balde al árbitro cada acción dudosa... Toñín y yo, más relajados... y más pendientes de las cervezas (y de los platos combinados que nos cenamos) que del juego. En el fondo, también nosotros queríamos que el Madrid pasara la eliminatoria, más por dar una alegría a Juanma e Isidro que por propia convicción pero, al final, ya sabéis, el Madrid, a casa.

Junto a nosotros, en el bar, había un grupo integrado mayoritariamente por culés que no disimularon su alegría cuando sonó el pitido final. Y por las calles de Melide una sinfonía de cohetes dio la bienvenida al Barça a la final de la Champions. Supongo que también hay gente del Madrid... pero me temo que, en esta ocasión, no tenían mucho que celebrar.

Los sinsabores de la eliminación fueron compensados, al menos parcialmente, por unos suculentos pelotazos que estos cuatro peregrinos disfrutaron plácidamente. Y no fueron los últimos, porque en la propia cafetería de nuestro hotel cayó una segunda retahíla de licores espirituosos, previos a la retirada definitiva a nuestros aposentos.


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Mañana, Arzúa

Y así ha transcurrido la etapa, o más bien, la jornada de hoy. Mañana tenemos una etapa si cabe aún más plácida (a priori) que la de hoy y que nos llevará hasta Arzúa, a 14 kilómetros de aquí, aunque con un recorrido más abrupto que el de hoy. Pasamos de la tierra de los pulpos a la tierra de los quesos. Y aún tenemos que poner el sello de Melide, porque con tanta visita turística y con tanto acontecimiento gastronómico y deportivo todavía no hemos sellado nuestra credencial en Melide (a pesar de haber estampado hasta cuatro sellos en el día de hoy).

Bueno, pues ahora llega la hora de reposar un poco para mañana... A ver qué tal se portan con los ronquidos mis compis de habitación. Mañana os lo cuento. ¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Wojciech Kilar — BSO Drácula "The beginning")

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1 comentario:

Juanma dijo...

¡¡ Pero que bien hacen el pulpo en Melide !!.