lunes, 30 de abril de 2007

CS2007 – Etapa 2 (Camino de Zubiri)





¡Hola peregrinos! Aquí estoy otra noche más con vosotros para relataros las aventuras de este día que está a punto de terminar. Como de costumbre, tengo aquí a mi lado al peregrino Juanma (que ya es un fijo de los blogs nocturnos, aquí a mi ladito portándose bien que, si no, me chivo a Bea, eh!); ahora mismo él se está embadurnando los pies con el mejunje milagroso, para prepararse para la etapa de mañana. Yo lo haré cuando acabe de escribir el capítulo del día... Por cierto, hasta ahora ninguno de Los 4 peregrinos tenemos ampollas. El mejunje nos está resultando muy, muy eficaz.

Paso a relataros cómo ha sido este día, en el que hemos tenido de todo: sol, lluvia, una cámara rota, unos gayumbos que me tenían “escocío”, un “ataque nuclear” del peregrino Toñín en el cuarto de baño... Vamos, que no ha faltado de nada.



Comienzo del día

Hoy hemos quedado para desayunar a las 8:30 horas, a fin de intentar salir sobre las 9. Probablemente, estos sean los horarios que manejemos en el resto de etapas. Así que el toque de diana se ha fijado a las 8. Yo he debido de dormir plácidamente, porque apenas si he escuchado el “serrucho” de la cama de al lado. Los que me han despertado, en realidad, han sido varios ciclistas de un club madrileño que debe estar haciendo el Camino en bici y que está alojado en nuestro hotel. ¡Qué ruidosos! Para mí que estos han dormido con las bicicletas en la propia habitación.

La mañana ha amanecido soleada y con buena temperatura aunque las predicciones anunciaban una semanita bastante pasada por agua (sobre todo para la jornada del jueves, en que saldremos de Estella). Tras el ritual de impregnarnos pies y manos con el mejunje milagroso, metemos las sudaderas en la mochila y nos animamos a comenzar el recorrido de hoy con camisetas de manga corta. El desayuno lo hacemos en el propio hotel. De repente nos llevamos una sorpresa... ¡por el comedor aparece Elisabeth, la peregrina brasileña! ¡Dios!, de esta no nos libramos ni en el desayuno. A pesar de que alguno intenta esconderse bajo la mesa para no ser visto, Elisabeth se nos acerca. A la pobre, que estaba alojada en el Albergue de Peregrinos, no le ha llegado aún la mochila. Parece ser que se la han debido de dejar en otro lugar, de modo que, sin duda, demorará su partida. Tratamos de darle ánimos pues poco más podemos hacer (salvo salir pitando de allí, para poner tierra de por medio, no sea que la encuentre pronto).


Un paseo por el bosque

Así las cosas, salimos del hotel ya bien pasadas las nueve de la mañana dispuestos a recorrernos los 22 kilómetros de la etapa de hoy, en la que predominan las bajadas. A los 100 metros nos encontramos con un cartel que señala que quedan 790 kilómetros hasta Santiago. Tras la etapa de ayer estamos eufóricos y "sobrados" y no falta quien suelte la fanfarronada de turno sobre hacer esos 790 kilómetros de un tirón...

Nada más dejar Roncesvalles, el Camino se interna en el bosque. Una profunda espesura de robles, pinos y hayas y, en medio, un pequeño sendero... ¡precioso! Después de lo de ayer, esto nos parece un delicioso paseo por una suave alfombra. A los pocos minutos nos topamos con la Cruz de Roldán, de piedra, que supongo que recordará de algún modo la famosa batallita de Roncesvalles.

Estos primeros kilómetros de Camino van por el bosque hasta llegar al pueblo de Burguete, que tiene una bonita iglesia. A la salida del pueblo, recuerdo que nos hemos puesto las gafas de sol por primera vez en el Camino (y espero que no sea la última). Los demás peregrinos se reían de mí porque hoy había anunciado lluvias a lo largo de la jornada, a pesar del espléndido tiempo que en esos momentos teníamos. “Que el día va a ser muy largo...”, “ya veremos quién tiene razón al final...”, les contestaba yo... jejeje...


Adiós a la cámara de fotos

Poco después del pueblo anterior llegamos a otro, Espinal, que la peregrina Laura no olvidará fácilmente. Íbamos los peregrinos Juanma, Toñín y yo por una de las aceras del pueblo hablando de asuntos de vital importancia (quién ganará la Liga, cuántas cervezas éramos capaces de bebernos en una noche, cuándo son las semifinales de la Champions, etc.), cuando escuchamos un “¡catacroc!” justo detrás de nosotros... La peregrina Laura “no sé qué porras iba mirando en la cámara de fotos” (según su marido), pero lo cierto es que la susodicha cámara decidió emprender el Camino de Santiago por su cuenta y acabó estampándose contra la acera. Todos los intentos de reanimación resultaron infructuosos y al cabo de uno o dos fotogramas más, nos dijo adiós para siempre. Lo malo es que hasta Pamplona no hay ningún pueblo grande para intentar repararla y, además, a Pamplona llegamos mañana martes, que es festivo. O sea, que hasta el miércoles solamente tenemos la cámara de vídeo del peregrino Juanma para tomar imágenes. Hoy no era nuestro día.

A partir de este incidente cambió radicalmente el tema de conversación que pasó a centrarse en la capacidad del sexo femenino para el manejo de los aparatos electrónicos. El peregrino Toñín demostró un amplio y sorprendente conocimiento de la materia, aunque la peregrina Laura no parecía estar muy de acuerdo con sus teorías.


Los gayumbos asesinos

No terminaron aquí las desdichas de la jornada. Más bien, acababan de empezar... Ahora el recorrido transcurría entre prados con suaves lomas y algún que otro pueblo. En ciertos momentos nos costaba encontrar el rastro de la famosa “flecha amarilla” que guía al peregrino por el Camino. En el siguiente pueblo, Viscarret, pudimos avituallarnos algo, porque había supermercado y fuente. Rellenamos nuestras botellitas de agua, compramos unas barritas energéticas (de esas que tanto le gustan al peregrino Juanma) y la peregrina Laura se compró una pequeña cámara fotográfica desechable.

Se iban acercando las dos de la tarde y no llevábamos nada de comida. Nuestra idea era comer en el pueblo de Erro, muy próximo a Zubiri. Pero cometimos un error de cálculo, pues el Camino no pasa por ese pueblo, sino que lo rodea por el monte. El tramo más complicado de la jornada era, precisamente, el Alto de Erro: un pedazo cuestón por en medio del bosque. En esta zona nos detuvimos a eso de las 4 de la tarde, para comernos las barritas y llamar a la pensión de Zubiri con objeto de confirmar nuestra tardía llegada.

En mi caso, esa parada en el bosque me sirvió para algo más (no, no es lo que estáis pensando, ¡guarros!). Desde hacía bastantes kilómetros, cada paso que daba era una auténtica tortura. La culpa de todo, una mala elección de gayumbos: me puse unos de algodón que no ajustaban bien en la pierna, de modo que había cierta holgura y me iba rozando desde hacía un par de horas. Mientras paramos para comernos las barritas, aproveché para aplicarme un poquito de vaselina en "ciertas partes sensibles": había que aguantar como fuera pues no quedaba ni una hora para llegar. Y reanudamos la marcha. A partir de este punto, había una fuerte pendiente de bajada hasta Zubiri.


¡Tormenta a la vista!

Según la señora de la pensión, todo lo que nos resta es un recorrido de fuerte bajada entre los pinos hasta llegar al pueblo de Zubiri. Pero el color del cielo se está oscureciendo muy deprisa. ¿Quién llegará antes, nosotros a Zubiri o la tormenta a nosotros? En cuanto se escuchan los primeros truenos, la respuesta se hace evidente: creo que hoy estrenamos los ponchos.

Dicho y hecho, en cosa de unos pocos minutos empieza a caer una chupa de agua impresionante. Tuvimos ocasión de comprobar lo complicado que es ponerse el poncho cuando llevas la mochila en la espalda: cuando has terminado de ponértelo, ya estás medio mojado. Lo mejor es que te ayude otro peregrino (si es que hay alguno cerca).

En medio del chaparrón, a mí me entró la risa tonta, no sé si fruto del dolor de los coj... por los gayumbos, o por el cansancio, o vete a saber tú por qué. El caso es que me estaba mojando como un auténtico gilipollas, pero pensé: “he acertado con la predicción... pffjajajaja... ahora soy yo el que me río... pffjajajaja” mientras veía a los demás peregrinos "corriendo" como desesperados para llegar cuanto antes al pueblo.

Así estuvimos como media hora, en plena “ducha” hasta que llegamos a Zubiri, muy cansados, pero en mejores condiciones que ayer. Eran las cinco de la tarde. Como suele ocurrir en estos casos, el chaparrón terminó nada más ponernos a cubierto en el pueblo. Indudablemente, hoy no era nuestro día de suerte.


Zubiri

Zubiri es un pueblo pequeño. Nuestra pensión está justo frente al Albergue de Peregrinos que, para variar, está completo. La pensión está muy bien: en realidad, es una casa particular en la que alquilan habitaciones. Nosotros ocupamos dos que tienen un baño compartido para los cuatro. Además, hay otra habitación (con baño) que ocupa un matrimonio de Granada. En la sala de estar de la pensión tienen un sello para poner en nuestras credenciales: nosotros mismos nos las sellamos.

Una vez que nos cambiamos y acomodamos mínimamente, vamos a un bar próximo para comernos unos bocatas con unas cervecitas. Los camareros, que son buena gente, parecen algo despistados y todo hay que repetírselo tres o cuatro veces porque no terminan de enterarse... Por favor, ¡cuatro jarras de cerveza! ... ¡Cuatro jarras de cerveza, por favor! ... ¡Cuatro cervezas! ... Anda, pónganos lo que le dé la gana pero traiga algo, ¡corcho! Con estas tonterías, al final acabamos de comer casi a las seis de la tarde.

Nos damos una vueltecilla por el pueblo para echarle el ojo a algún sitio donde cenar. La verdad es que no había mucho ojo que echar, pues sólo teníamos una opción: la cafetería del pabellón deportivo, a las afueras del pueblo. Lo malo es que hay que reservar, pagar por adelantado el menú y la cena tiene que ser a las 8 de la tarde. ¡Todo facilidades para el peregrino! Imaginaros, terminamos de comer a las 6 y a las 8 hay que cenar: lo dicho, hoy no es nuestro día de suerte. Tras pagar la reserva y como queda poco más de una hora para las 8, el peregrino Toñín y yo decidimos quedarnos allí mismo tomándonos unos pacharanes. Los peregrinos Laura y Juanma prefieren irse a la habitación a descansar un rato, sellando antes sus cartillas en el Albergue. Quedamos en vernos todos dentro de una hora. Por cierto, qué bueno el pacharán Baynes, que no conocía... ¡Gracias, Toñín!

Cuando aún quedan quince o veinte minutos para las 8, los camareros de la cafetería del pabellón comienzan a impacientarse y nos meten un poco de prisa porque aún no estamos los cuatro, pese a que las cenas están pagadas y todavía no es la hora acordada. Querían que ocupásemos ya la mesa... ¡Tendrían prisa por cerrar, digo yo! Al final cenamos a las 8, bien y sin problemas.


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Ataque nuclear

Después de la cena regresamos directamente a la pensión. Allí nos organizamos con las habitaciones y con el cuarto de baño. ¡Uno para los cuatro! Si siendo dos ya nos armamos bastante follón, imaginaros los cuatro. Y más tras la amenaza de Toñín... “Voy a iniciar hostilidades en el cuarto de baño”. Y así fue, como él definió, “un bombardeo nuclear”. ¡Madre mía! Casi hay que desalojar la pensión... ¡Qué olor! Y nuestra habitación, justo al lado del cuarto de baño. Pero ¿qué habrá comido este peregrino hoy? En fin, que las aguas terminaron por volver a su cauce y en última instancia todos pudimos utilizar, con mascarillas eso sí, el cuarto de baño sin mayor problema.


Mañana... ¡a Pamplona hemos de ir!

Y mañana otros 22 kilómetros más hasta Pamplona. Parece una etapa fácil, con predominio de los descensos y algún pequeño repecho. Pero me temo que no nos vamos a librar del agua. Hoy solamente nos hemos puesto los ponchos al final de la etapa, pero mañana seguro que nos va a tocar ponérnoslos mucho más tiempo. Ya os contaré. ¡Buen Camino, peregrinos!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Jones & Edelman — BSO "El último mohicano")

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domingo, 29 de abril de 2007

CS2007 – Etapa 1 (Camino de Roncesvalles)





¡¡OE OEEEE!! ¡¡OE OEEEEE!! Lo conseguimos... Aquí estamos... Hemos llegado a Roncesvalles. Eso sí, ¡en qué condiciones! A uno le falta un brazo, a otro una pierna... Bueno, no tanto como eso pero es cierto que acabamos muy machacados. Ahora estamos aquí el peregrino Juanma y yo en nuestra habitación del hotel La Posada de Roncesvalles, que es una monada. Nos iremos a dormir dentro de un rato porque estamos agotados. Creo que ni los ronquidos de Juanma impedirán que hoy me eche un buen sueño. Porque si os cuento cómo fue la noche de ayer... Por un momento creí que se coló un oso en la habitación, jejeje. Desde anoche, el peregrino Juanma también es conocido como Serrucho Man, y no es el único mote que se ha ganado, como comprobaréis si seguís leyendo. Os cuento cómo nos fue esta jornada que ahora acaba...


Desayuno y aprovisionamiento en St Jean

Como os dije ayer, hoy hemos quedado a las 8 de la mañana en la cafetería del hotel para desayunar. Así que a las 7:30 horas nos pusimos en pie y Juanma tuvo ocasión de filmar desde la ventana de nuestra habitación las primeras imágenes del día, que se ha levantado bastante nublado pero sin lluvia. Estrenamos el traje oficial de peregrino, con concha, bordón y todas esas cosas, y también inauguramos el botecito con el mejunje milagroso. Funciona a base de espray, es tremendamente viscoso, y nos lo aplicamos sobre todo en los pies y manos (en estas últimas por aquello de que no nos salgan ampollas al coger el bordón).

En la cafetería, y como no podía ser de otra manera tratándose de tierras francesas, nos metemos un buen desayuno a base de croissants con café y zumo de naranja. Aprovechamos la ocasión para hacer un brindis por la dura etapa que nos espera. Tras el desayuno, bajamos a comprar lo que será nuestro almuerzo de hoy, ya que durante la etapa no encontraremos tiendas o comercios y necesariamente nos tocará comer en medio de la montaña. Pillamos pan, chorizo y varias botellas de agua. ¡Menudo festín que nos pegaremos!


Nos ponemos en marcha: las primeras cuestas

Pues un poquito antes de las 9 de la mañana empezamos a andar en nuestra primera etapa (son 25 km, casi todos de subida). Finalmente, la ruta elegida fue la de Napoleón, llamada así porque por ahí se colaron las tropas francesas en la invasión napoleónica. Este recorrido abandona en seguida la carretera y te mete de lleno en la montaña casi hasta las mismas puertas de Roncesvalles. Como sabéis, en esta etapa llevamos solamente dos mochilas. El peregrino Juanma y yo con una, y los peregrinos Laura y Toñín con la otra. Las dos restantes nos esperan en nuestro hotel de Roncesvalles.

El recorrido es espectacular desde el primer momento. Comienzas subiendo y prácticamente no dejas de ascender en 20 kilómetros. Solamente los últimos 3 ó 4 kilómetros (ya llegando a Roncesvalles) son de bajada. El paisaje es verdísimo, la humedad en el ambiente es muy alta y en ocasiones se forman pequeñas neblinas. Según subes, vas viendo los valles y las casitas abajo, a veces al final de grandes precipicios, casi "a vista de pájaro". El trayecto está "salpicado" de animalillos: vacas por aquí, caballos por allá, algún rebaño de cabras u ovejas que se pierde en el horizonte... ¡Qué gozada! Te entran ganas de pegarte un revolcón en esa hierba tan húmeda.

Justo a la hora de iniciar la marcha realizamos el primer relevo. Mi mochila la coge ahora Juanma, y Toñín hace lo propio con la de Laura. Quiere el azar que este primer cambio de mochilas coincida justamente con el inicio de la cuesta más pronunciada de toda la etapa, circunstancia que no pasa desapercibida para Toñín, tal y como puede escucharse en el primero de los vídeos que os cuelgo... juajuajua... ¡Qué mala suerte! Más o menos cada hora nos relevamos Juanma y yo, mientras que Toñín y Laura lo hacen cada dos horas. En uno de los momentos en que nos detuvimos para beber agua, le dejé mi bordón a los peregrinos Juanma y Toñín para que me lo sostuvieran. Los muy cabr... digo... peregrinos no encontraron mejor sitio que ponérmelo encima de un manojo de ortigas. Cuando me di cuenta de ello ya era demasiado tarde. ¡Menuda hinchazón de manos! Tuve que aplicar el remedio tradicional de lavarme las manos con agua y barro... ¡y resultó!

En estas primeras dos horas estamos completamente empapados de sudor debido al esfuerzo, pero como la mañana es más bien fría, tampoco nos aligeramos de ropa para no resfriarnos. Así transcurren los primeros kilómetros de etapa, en la que, conforme ascendemos, van desapareciendo los árboles del paisaje para quedarnos solamente con vegetación de tipo bajo sobre el suelo. Por el camino coincidimos repetidamente con otros peregrinos, adelantándonos mutuamente varias veces. Una de las pequeñas paradas que hicimos fue en un albergue de peregrinos (Untto) que hay a unos 5 km del punto de partida: la última opción para rellenar nuestras botellas de agua en bastantes kilómetros. Aquí una inglesita muy guapa nos hizo la foto de grupo que preside el blog de Los 4 peregrinos.


Paramos un rato para comer y reanudamos la marcha

Cerca de la una de la tarde, en un paraje dominado por una estatua de la Virgen, en la parte más alta del recorrido, decidimos que era un buen momento para comprobar el estado de los chorizos. En una zona relativamente llana buscamos unas rocas donde sentarnos y nos preparamos unos buenos bocatas, acompañados de agua de nuestras botellas y de unos chicles como postre. ¡Menudo lujo de comida! Cerca de nosotros había más peregrinos... Eso debía ser el "merendero" oficial.

En esa zona el paisaje era ya el propio de la alta montaña, con muy poquita vegetación y sin referencias de zonas habitadas por ningún lado. A eso de las tres de la tarde, cruzamos la frontera que estaba señalizada con un monolito donde se leía el nombre de "Navarra". Nos quedaban unas tres horas para llegar a Roncesvalles. Por cierto, que por ahí un par de caballos nos dio un pequeño susto, cuando el macho, con perversas intenciones, se puso a perseguir a la pobre yegua y ambos se detuvieron justo delante de nosotros.


Elisabeth y "Buen Camino Man"

A lo largo de estas horas de recorrido nos encontramos con bastantes peregrinos, la mayor parte de ellos extranjeros. Cada vez que te cruzas con uno de ellos, la cortesía jacobea te obliga a saludarle con la fórmula "Buen Camino". El peregrino Juanma se tomó esta regla a rajatabla, hasta el punto de que ya se ha ganado para el resto del viaje el sobrenombre de Buen Camino Man. Si se cruza con alguien, él le saluda con un "Buen Camino". Si se le acerca una inglesita preguntándole (en inglés) si queda mucho para llegar, él contesta con otro "Buen Camino". Vamos, que tenía el disco del "Buen Camino" preparado para todo el que se le acercase.

Mención aparte merece Elisabeth, una peregrina brasileña, de unos 50 años de edad, bastante menudita ella, con rasgos centroeuropeos –pelo rubio y ojos claros–, una mirada entrañable y un tono de voz más bien calmado y parsimonioso... Hacía el recorrido sola y sin mochila, pues un autobús se la llevaba directamente a Roncesvalles. La pobre tenía siempre ganas de conversación y cada vez que "enganchaba" a alguien no le soltaba fácilmente. Resultaba algo empalagosa y cansina, sobre todo teniendo en cuenta que con la paliza que nos estábamos dando, malditas las ganas de hablar que teníamos... y, además, apenas se la entendía. Si lo sabrá bien el peregrino Toñín, que fue quien más "disfrutó" de su compañía. ¡Creo que se conoce al dedillo la historia de la colonización brasileña! Además, tenía un andar tan lento, que te retrasaba si te detenías a hablar con ella. Así que, cada vez que parábamos un rato y veíamos que llegaba, era como si nos metieran un petardo en el trasero para espabilarnos a retomar la marcha. A pesar de todo, la mujer parecía bastante maja y la recordamos con cariño... Pero siempre que podíamos, "se la emplumábamos a otro grupo", jeje...


Llegando a Roncesvalles

Las últimas horas de marcha se nos hicieron interminables. Tras unas cuestas imposibles por senderos pedregosos (¡lo que nos faltaba para nuestros maltrechos pies!) llegamos al Puerto de Ibañeta, y a partir de entonces comenzamos a divisar la vieja Colegiata de Roncesvalles. También vemos a nuestra estela los diferentes grupos de peregrinos que nos siguen, dispersos, en silencio, con las fuerzas justitas y casi arrastrando los pies para llegar hasta aquí. Parecía un desfile de condenados... (y de algún modo lo era).

Aunque se percibía el fin de la etapa, lo cierto es que aún nos quedaba una horita y eran casi las 5 de la tarde. Teníamos que llegar, para la Misa del Peregrino, antes de las 6. Desde Ibañeta todo el camino es de bajada por senderos que atraviesan el bosque. Pero después de una etapa como esta, las bajadas también entrañan su peligro, ya que las piernas están sin fuerzas y tienden a doblarse solas; por fortuna, los bordones nos sirvieron de gran ayuda para apoyarnos. Un pelín antes de llegar a Roncesvalles hay un gran pedrusco (el Monumento a Roldán) conmemorativo de la derrota de las tropas francas de Carlomagno (comandadas por su sobrino Roldán) frente a los vascones, allá por el siglo VIII. Desde aquí tan solo quedan 10 minutos hasta Roncesvalles. Este trayecto lo hicimos aligerando el paso, ¡y eso que llevábamos cerca de 9 horas de caminata!

Eran las seis menos cuarto de la tarde cuando llegamos, por fin, medio arrastrándonos, medio caminando, a Roncesvalles. Aunque pasamos al lado mismo de nuestro hotel, entramos directamente en la Colegiata para asistir a la Misa. No había tiempo ni para cambiarse de calzado a pesar de que los pies nos ardían tras el esfuerzo realizado. La sensación a nuestra llegada era la del final victorioso tras una dura etapa. Sin duda, acababámos de completar una de las etapas más duras y, a la vez, más bonitas, de todo el Camino de Santiago.


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La Misa del Peregrino

Cuando entramos, la Colegiata estaba llena. Supongo que la mayoría eran peregrinos, pues Roncesvalles sólo tiene una treintena de habitantes. Se notaba bien quiénes venían desde St Jean y quiénes iban a comenzar el Camino en Roncesvalles al día siguiente. En el ambiente se percibía una mezcla de olor a incienso de la iglesia y de olor a pies de los peregrinos. Había evidencias que delataban a los que habían andado como nosotros: heridas, esparadrapos, vendas, zapatillas deportivas o chanclas (para descansar de las botas)...

Cuando comenzó la Misa, al principio intentábamos seguir el ritmo de ponerse de pie o levantarse según correspondiera, pero pasado un rato, nos apuntamos todos a la opción de permanecer sentados porque nuestros cuerpos ya no daban para más. La Misa acabó con una bendición de peregrinos que se lleva a cabo según un ritual que viene desde el medievo: en realidad, esa es la única circunstancia que la diferencia de una misa normal.

Al concluir la Misa fuimos a sellar nuestra credencial al Albergue de Peregrinos, que está justo frente a la Colegiata. El Albergue es muy bonito y amplio, con el techo abovedado. Estaban desbordados y nos plantaron un sello "bestial" en la cartilla, de tamaño doble del habitual. Si en los demás sitios nos ponen más sellos como este, nos quedamos sin espacio en la credencial. Por cierto, al salir del Albergue cayeron, muy tímidamente, las únicas gotas de lluvia que hemos visto en toda la etapa.

Después de poner el sello, caminamos los 50 metros que hay hasta nuestro hotel (distancia en la que invertimos cerca de 10 minutos, dadas las condiciones en las que nos encontrábamos) para registrarnos y entrar en nuestras habitaciones. Tras las llamaditas de rigor a nuestras queridísimas familias y novias, se agradeció, y bien, el disfrutar de unas merecidísimas duchas. Hubo tiempo antes de la cena, incluso, para tomarnos unas cervecitas fresquitas con patatas fritas en la cafetería del hotel.

La cena estuvo muy bien y la cogimos con ganas. Lástima que no prosperara mi propuesta de tomarnos algún pelotazo "jacobeo" en la cafetería ya que, cuando terminó la cena, nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones: hoy, nuestros cuerpos no daban más de sí.


¡Estamos fundidos!

Pues así ha sido la etapa de hoy. Aquí hemos llegado, totalmente fundidos; me cuesta horrores incluso el ponerme de pie una vez que me he sentado pero mañana será otro día. Hemos estado viendo los goles de la jornada dominical de hoy y, aprovechando que tengo al peregrino Juanma a mi lado, hemos intercambiado algunas opiniones sobre el juego del Real Madrid y el del Dépor. Obviamente, creo que no nos hemos puesto muy de acuerdo, juajuajuas. Bueno, ahora nos echaremos otro poquito del mejunje en los pies y a dormir. Hemos quedado mañana a las 8:30 horas para desayunar y para pasar revista de ampollas. La etapa de mañana, hasta el pueblo de Zubiri, parece que será más tranquila pues solamente tiene 22 km, en los que predominan las bajadas. ¡Buen camino, peregrinos!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Enya "Aldebaran")

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sábado, 28 de abril de 2007

CS2007 – Etapa 0 (St Jean)




Saint Jean Pied de Port (Francia), 28 de abril de 2007. Es casi medianoche y ya va siendo hora de irse a dormir. Aquí estoy en la habitación del hotel con el peregrino Juanma (cada uno en su cama, eh!), en este precioso pueblecito francés del norte de los Pirineos. Los peregrinos Laura y Toñín ocupan la habitación de al lado. Vaya día más intenso... ¡y los que nos esperan, especialmente el de mañana! Llevamos en este pueblo desde las seis de la tarde más o menos y os cuento cómo ha sido el día.


Viaje en tren de Madrid a Pamplona

Esta mañana, a las 9, hemos quedado en la estación de Atocha, donde hemos disfrutado de nuestro primer desayuno del CS. Ya ni me acuerdo de lo que me he comido, pero seguro que estaba bueno, porque la bollería abundaba. El peregrino Toñín nos dio a cada uno una pequeña vieira gris a modo de recuerdo de este primer año del Camino. Nos hicimos las primeras fotos en la estación y a las 9:50 horas, conforme al horario previsto, nuestro tren se puso en marcha. Aproveché ese momento para entregar a los demás peregrinos unos cuadernillos con información de todas las etapas y alojamientos, que había estado preparando en estas últimas semanas.

El ambiente en el grupo es magnífico. Todos estamos enormemente ilusionados con esta aventura y no tenemos ni la menor duda de que saldrá perfecta. Hasta parece contagiarse del "buen rollo" reinante la azafata del tren que ha tenido una graciosa "metedura de pata" cuando, una vez que arrancó el tren, habló por megafonía de la siguiente manera: "señores pasajeros [...] les anunciamos que el viaje hasta Pamplona durará treinta y tres horas... [carcajadas] ... perdón, tres horas y treinta minutos". Menudas risotadas en el vagón, hasta la propia azafata a duras penas contenía la risa cuando terminó de hablar. Sin duda, este viaje empieza con muy buen humor.

El buen tiempo nos ha acompañado justo hasta entrar en tierras navarras. Aquí ya se ha puesto a llover y espero que no sea un mal presagio para los próximos días. El tren ha llegado a Pamplona a las 13:20 horas, con absoluta puntualidad. Como no nos sobra mucho tiempo, ya que hay que estar antes de las 18 horas en Saint Jean, hemos comido en la misma estación de Pamplona a base de platos combinados. Incluso nos hemos dado el gustazo de pedirnos un pacharán de la tierra (y no va a ser el último del viaje...).


De Pamplona a Saint Jean...

En la cafetería de la estación nos facilitaron el teléfono de los taxis y hemos pedido uno para que nos lleve a Saint Jean. Lo cogemos a eso de las 4 de la tarde (nos cobrará casi 90 euros por el trayecto). Desde el taxi podemos ver lo que será nuestro paisaje de los próximos días, puesto que el martes nos toca la etapa que concluye en Pamplona. Vemos cómo abundan los bosques de hayas y robles e, incluso, en algún momento divisamos la presencia de peregrinos que están haciendo el Camino.

Yendo hacia Saint Jean, el taxi para unos minutos en el hotel de Roncesvalles donde pernoctaremos mañana. Nuestra primera intención es dejar aquí tres de las cuatro mochilas para llevar únicamente lo imprescindible a Saint Jean, de cara a la durísima etapa de mañana. Sin embargo, en seguida nos damos cuenta de que en una mochila no cabe todo lo que queremos llevarnos así que, finalmente, dejamos en el hotel de Roncesvalles dos mochilas y nos llevamos a Saint Jean las otras dos: en una, los peregrinos Toñín y Laura meterán sus cosas; y en la otra, el peregrino Juanma y yo. De paso, hemos tenido ocasión de ver el hotel que nos espera mañana en Roncesvalles, La Posada, que parece muy majo.

De Roncesvalles a Saint Jean hay media hora de taxi a lo largo de una estrecha y sinuosa carretera. Esta carretera constituye una de las dos opciones para realizar mañana el Camino hacia Roncesvalles. La otra, mucho más dura pero, sin duda, la más atractiva, es a través de la montaña. Si el tiempo lo permite, elegiremos esta última.

Por fin, a las cinco y media llegamos a nuestro hotel en Saint Jean Pied de Port, el Hôtel des Remparts, justo a la entrada del pueblo, que nos recibe con una lluvia intermitente. Tras pagar al taxista, nos registramos en la recepción del hotel.


Paseo por Saint Jean: nuestro primer sello en la credencial

Dedicamos toda la tarde a pasear por el pueblo. La lluvia arreciaba por momentos, de modo que fue la ocasión de estrenar los ponchos. Protegen muy bien de la lluvia pero dan un calor infernal. El peregrino Toñín, que ha tenido una semana de trabajo muy intensa en Madrid, se queda descansando en la habitación: por esta razón no aparece en las fotos y vídeos que grabamos por Saint Jean. Los otros tres peregrinos nos recorrimos todo el pueblo, incluida una vieja fortaleza que domina la villa y un bello puente sobre el río.

Saint Jean es una preciosidad: un pueblo medieval con muchas reminiscencias vascas (no hay que olvidar que estamos en el País Vasco francés). En él se respira por todos los sitios el espíritu jacobeo: peregrinos, albergues, tiendas de recuerdos... el Camino de Santiago está siempre presente. Aprovechamos la ocasión para estrenar aquí nuestra credencial de peregrino con el primer sello del Camino en la Asociación de Amigos del Camino de Saint Jean.


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Como estamos en Francia, se cena pronto. No nos descuidamos y encontramos un sitio donde poder cenar Los 4 peregrinos a las 9 de la noche. Comimos bien y nos reímos bastante, bromeando sobre lo que nos espera mañana y sobre el olorcito que debe respirarse en los albergues por la noche (sudor, pies, ...). El camarero era un poquito borde y nos tuvo un rato esperando hasta que nos trajo una botella de agua que le habíamos pedido. Cualquier tema era motivo para explayarnos a gusto. Al terminar de cenar, ya de noche, intentamos encontrar algún sitio abierto donde tomarnos alguna copeja, pero no tuvimos mucha suerte. La verdad es que tampoco lo buscamos con mucho interés pues no nos apetecía demasiado quedarnos hasta muy tarde teniendo en cuenta lo que nos espera mañana, así que en seguida regresamos al hotel para recogernos por hoy.


Mañana nos ponemos en marcha... ¡Qué miedo!

Bueno, pues mañana es la hora de la verdad: llega la primera etapa, que nos llevará a Roncesvalles y se presume muy dura. Hemos quedado a las 8 de la mañana para desayunar en el hotel. Después, casi seguro que tomaremos la denominada "ruta de Napoleón", o sea, por la montaña (en vez de por la carretera), para ir a Roncesvalles. Tenemos que llegar allí antes de las 6 de la tarde para escuchar la Misa del Peregrino en la Colegiata que es algo así como el ritual de partida del peregrino hacia Santiago. No hay que olvidar que muchos peregrinos comienzan el Camino en Roncesvalles. Esta Misa tiene lugar todos los días a las 8 de la tarde salvo los domingos, como mañana, en que se adelanta a las 6.

Bueno, pues ahora sí que toca recogerse. Espero que el peregrino Juanma no ronque muy alto. Mañana más.


Videomontaje fotográfico de la jornada
(música de Enya "Watermark")

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viernes, 27 de abril de 2007

CS2007 – ¡Mañana empezamos!



Bueno peregrinos, esto ya no tiene vuelta atrás. Hoy es viernes 27 de abril de 2007 y acabo de terminar de preparar mi mochila hace unos minutos: mañana por la mañana, a eso de las 9, nos encontraremos Los 4 peregrinos en la cafetería de la estación de Atocha, pues a las 9:50 horas sale nuestro tren hacia Pamplona.

En este último mes hemos terminado de preparar todo. Creo que no se nos escapa ni un detalle. Llevamos, incluso, una predicción meteorológica detallada, etapa por etapa. Parece ser que en la semanita del Camino 2007 no nos va a faltar el agua... Y no me refiero a la de beber, precisamente...


Últimos entrenamientos

En este mes nos hemos puesto las pilas con los entrenamientos. Aparte de las prácticas de cada uno en solitario (con y sin mochila), Los 4 peregrinos hemos quedado un par de veces en la Dehesa de la Villa: el sábado 14 de abril y el domingo 22 de abril (de este último os dejo un pequeño vídeo que nos rodó la peregrina Laura). Por supuesto, cada uno de los entrenamientos, de unas tres horas de duración, estuvo precedido de un suculento y merecido desayuno en el quiosco de La Paloma. Hay quien duda de si más que a entrenar, lo que vamos es a desayunar (y razón no le falta...).

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En estos entrenamientos el peregrino Juanma, que era quien dirigía el grupillo, nos buscaba las mayores cuestas que encontraba (aun a riesgo de quedarse más solo que la una, cuando a los demás la cuesta nos parecía exagerada, jeje). En el último de estos entrenamientos cada uno ya pertrechaba con su respectiva mochila, más o menos cargada. Yo utilicé como lastre una caja de tetrabriks de leche, ante la desesperación e indignación de mi madre, más preocupada de que no le pasase nada a las bolsas de leche que a mi propia espalda. ¡Con lo que me ha costado venir cargada del mercado para traerla, para que me la estropees por ahí! —decía. Ay, estas madres... ¡cómo son! Venga, mami, un besito y no te me enfades que te la traigo toda de vuelta.


Credenciales y material

Desde el jueves 19 de abril los cuatro ya tenemos nuestras respectivas credenciales de peregrino, ocasión que bien mereció unas cuantas cañejas a la salida de la sede de la Asociación de Amigos del Camino, que es donde nos las dieron. El peregrino Toñín tuvo que asistir a la charla corrrespondiente ya que, como recordaréis, no pudo acudir en su momento. También aprovechamos la ocasión para comprar en la propia Asociación la concha de vieira que portaremos en nuestra peregrinación. Además, Toñín y yo nos hicimos allí con el bordón (bastón del peregrino). Los peregrinos Juanma y Laura ya lo tienen.

Aprovechando que mi hermanita trabaja en un hospital, me he encargado yo del tema de preparar el correspondiente botiquín. En él destaca un mejunje o "líquido milagroso" que sirve para evitar que nos salgan ampollas tras las caminatas. Ya tendremos ocasión sobrada de comprobar su efectividad.


Mañana comienza nuestra aventura

Bueno, pues ya no nos queda nada. Mañana empieza nuestra aventura. El plan para mañana es comer en Pamplona, nada más llegar, y a continuación tomar un taxi que nos lleve a Saint Jean, donde tenemos que estar antes de las 6 de la tarde (para que nuestro hotel nos mantenga la reserva). Le diremos al taxi que pare cinco minutos en Roncesvalles para que dejemos ahí la mayor parte de nuestro equipaje en el hotel donde dormiremos pasado mañana. De ese modo andaremos más ligeros de cara a la durísima etapa del domingo. No sé cómo acabaremos esa etapa, pero sin duda servirá para medir nuestro aguante. Hace unos días me enteré de que a primeros de mes murió un peregrino escocés que se perdió en la nieve y no consiguió llegar a Roncesvalles desde Saint Jean... A ver lo que nos encontramos nosotros (supongo que ya no habrá nieve, pero todo puede suceder). A partir de mañana espero contaros el día a día de esta pequeña gran aventura...